domingo, 1 de noviembre de 2015

NECESITADOS DE MISERICORDIA



Hay muchas cosas que no son difíciles de entender. Quizás, podemos decir, que no podemos entender. Nos resulta por nuestra naturaleza imposible. Necesitamos ayuda exterior. Por ejemplo, no podemos entender como unas personas, incluso jóvenes y con un futuro prometedor, se encierran en una celda de seis metros cuadrados, con carácter de clausura, de por vida.

Eso no se comprende ni se puede asimilar. A veces sueño con los Benedictinos de Las Palmas, monasterio en el que he estado de visita, al recordar a los jóvenes que dedican su vida a vivir en oración contemplativa y trabajo, sin apenas salir de él, salvo los paseos establecidos. Supongo que, ellos, los monjes y monjas de clausura tienen que tener otra visión y experiencia de la vida de la que nosotros carecemos. 

No se explica de otra forma. La Gracia de Dios les ilumina y les revela un gozo y una felicidad que les colma plenamente. Es lo que les ha ocurrido a muchos santos en contemplación y en éxtasis ante la presencia del Señor. Igual ocurrió con Bartimeo y muchos otros que, movidos por el Espíritu Santo han llegado a conectar con el Señor. Posiblemente, haya un estado especial de búsqueda, de sinceridad o de gracia que el Señor accede a despertar porque quiere.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar y separar? ¿Quiénes somos nosotros para dictar caminos que nos separan, porque no vemos, ni estamos de acuerdo con lo que piensa el otro? ¿Quiénes somos nosotros para decidir y exigir que el otro cambie para que camine conmigo? ¿Acaso te lo exige tu Padre Dios? ¿Acaso tú estás en comunión con Él? ¿Y Él te despide, te separa, te exige cambiar?

Supongo que nos es imposible verlo de otra forma, como también nos es imposible entenderlo. Igual que no somos capaces de comprender la vida monacal, ni como un joven se retira y acepta esa vida. Si lo entendemos, pero de forma conceptual o abstracta, no de forma vivencial y real. Supongo que nos produciría un impacto si una hija nos plantea esa elección.

De cualquier forma es simplemente un ejemplo para alumbrar la idea de lo difícil que nos resulta entender muchas cosas de las que estamos convencidos que son como pensamos. Por eso necesitamos estar en constante reflexión, escucha de la Palabra y permanente oración, para que nuestro corazón no se quede acomodado e instalado en una verdad que creemos haber entendido y alcanzado.

viernes, 23 de octubre de 2015

SI NO CREYERA EN TU MISERICORDIA, SEÑOR, ¿A DÓNDE IRÍA?



Hay muchas formas de equivocarse, o de cometer errores, o de pecar. Cada uno tiene su responsabilidad y parte de culpa, porque el error no te exime de tus posibilidades. Es posible que esa no ha sido tu intención, pero posiblemente si has sido negligente y no te has preparado lo suficiente. 

Tampoco la ignorancia, porque teniendo posibilidad de aprender, te has distraído en otros menesteres menos importantes o necesarios. Eres, pues, responsables de tus actos. Sin embargo, ocurre que, a pesar de poner todo lo que puedes, ignoras tu error, y tienes un fallo. Has sido superado por tu ignorancia, que no se te puede imputar, pues no tuviste posibilidades de conocer. Luego, tu responsabilidad queda atenuada y disculpada.

Así y todo, la Misericordia del Señor no salva. Nos salva cuando nuestro arrepentimiento es sincero, y lo buscamos en su perdón. Nuestra pobreza es manifiesta, tanto moral como espiritual, y no tenemos perdón humano. Ese fue el error del hermano mayor. Se excluyo de la casa porque no podía, con su enfado, entender la Misericordia del Padre.

Sí, su hermano era culpable. Había desobedecido, pero no por pura desobediencia, sino tentado por la ambición de las ofertas que el mundo le ofrecía. ¿No nos ocurre a nosotros igual? Y pagó su pecado. Sufrió su desierto, su pobreza, hambre y frío. Y esos sufrimientos le llevaron a acordarse de su Padre, y a creer en su perdón. Arrepentido se puso en camino, y encontró a un Padre en espera y en deseos de abrazarlo y darle toda su Misericordia por Amor.

No estaba el hermano mayor en actitud de perdonar. Sus criterios son otros, son los del mundo, los nuestros. Pero el Padre, también conocedor de su corazón sale a buscarlo. No espera en esta ocasión, sino sale al encuentro, le acompaña, le escucha y le hace ver que todo lo que tiene le ha sido dado gratuitamente, y le brinda toda su Misericordia.

Gracias, Señor, porque tu Misericordia y tu Amor me salvan, a pesar de todas mis miserias, mis pobrezas, mis criterios y hasta mis exigencias. Gracias, Señor, porque identificad con el hermano menor y el mayor, en Ti encuentro siempre el salvador perdón.

domingo, 11 de octubre de 2015

LA MOCHILA ANDA ALGO PESADA



Muchas veces no medimos la capacidad de nuestra mochila, ni tampoco el peso que podemos soportar. Si no advertimos esto, posiblemente empecemos a echar la culpa a otras razones  que nada tienen que ver con el problema. Se trata de que hemos recibido lo que tenemos, y es eso simplemente lo que tenemos que administrar.

Y lo descubrimos en la medida de nuestro esfuerzo. Y es ahí donde entra el calibrar el peso y la capacidad de la mochila. Cuando notamos que el peso nos hace difícil avanzar en el camino, empezamos a notar que quizás nuestra mochila va muy cargada. Lo mismo ocurriría a un avión o barco que van perdiendo altura o se van hundiendo en el agua. Hay inmediatamente que tirar lastre y peso para que se recupere altura o flote más el barco.

Es el aviso para la descarga y para aligerar nuestro paso. La responsabilidad ha aumentado y exige tiempo, serenidad y reflexión. Eso explica que estos dos blogs, "soy creyente católico" y "Salvador: mis vivencias e inquietudes", no abandonados, pero sí con una actividad más espaciada y tranquila. No es que se haya perdido deseos, ganas o fuerzas, sino que la mochila no da para más, y el camino se hace, pero más lento y sereno.

Experimentas que Dios te ha dado lo necesario para lo que haces, y que cuando te entregas a tope descubres que llegas a donde llegas, y no más. Y querer abarcar más es contradecirle y, como el joven rico, negarte a seguirle como Él quiere. Tienes una medida y Él la sabe mejor que tú. Por lo tanto, paz y serenidad para aceptar lo que puedas hacer y hasta donde puedas llegar.

El blog sigue su marcha, y despertará cuando como hoy ha despertado con esta reflexión. Luego descansará, porque el autor necesita sus fuerzas para otros menesteres, entre ellos el pensamiento de otros libros, y así, por la Gracia de Dios, seguirá el camino hasta nueva orden o hasta cuando Él quiera.

Es el Señor el verdadero y único autor de todo, y a Él corresponde acelerar y aumentar el trabajo para su Gloria. Nosotros, en este caso yo, su humilde y pobre instrumento, que Él guiará, al menos yo se lo pido, por el camino de su Palabra y Voluntad. Amén.
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