
Es el momento de observar lo que pasa a tu alrededor y sacar tus propias conclusiones. Cuando la situación es más grave y el momento más difícil de superar, la mente despierta y activa sus alarmas para detectar soluciones y reforzar la defensa ante el peligro que amenaza. Sin embargo, se hace más difícil mantener, este estado de alarma cuando, despejado el horizonte, la situación amaina y nos vuelve el relajamiento que deriva en un descuidarnos y olvidarnos del peligro.
Lo debemos saber por experiencia: en tiempo de vacas todo pasa y nada es cuestionable. Más llegado el tiempo de falta de recursos y de dificultades, la mirada hacia atrás se convierte en exigencias y señalamientos con el dedo, o una positiva autocrítica que nos haga reaccionar y levantar el vuelo,
ver. Son los momentos de aprendizaje y de los que debemos sacar las coordenadas para orientar nuestro rumbo y buscarle sentido a nuestro camino.
En estos momentos, cuando nuestros protectores y gobernantes, voluntariamente presentados a resolver nuestro problemas, deben estar unidos y volcados en resolver los problemas de sus votantes y no votantes, pues están al servicio de todos, ocurre que se jactan de criticarse, enfrentarse entre ellos y derrochar sin importarles lo que pasa en la casa de enfrente.

La medida de sus promesas; la medida de sus proyectos; la medida de sus razonamientos; la medida de sus verdades quedan al descubierto cuando mientras unos pobres inmigrantes arriesgan y pierden sus vidas por alcanzar cierta seguridad, dentro de la inseguridad, de subsistir y vivir, que para ellos significa calmar su hambre, ellos concentran su trabajo en ver quien tiene más poder, más riqueza, más listeza o gana más.
Es el caso del ministro bermejo, del presidente autonómico touriño, del también presidente rivero, y de un largo número de parlamentarios y políticos en general cuyas cabezas representadas en los mayores exponentes. zapatero y rajoy, no se salvan. Mientras el país desfallece, se revuelve sobre sí mismo, pasa hambre, se paraliza gran parte laboralmente, y se vienen abajo muchas esperanzas humanas, estos señores al calor de sus reconfortantes casa consistoriales, hechas con dinero público; sus lujosos coches oficiales; sus seguridades y bien retribuidos servicios y para que seguir nombrando, se divierten, comen, disfrutan de un bienestar que no merecen.
Porque su misión, a la que han optado voluntariamente, es velar por el bienestar del pueblo y de todos los que, por motivos de carencias, se acercan a ganar su comida con el sudor de su frente. Algunos ni a eso llegan, porque antes la han perdido en el intento. No puedo llamar a todo esto "no tener vergüenza", sino inmadurez, irresponsabilidad y, por lo tanto, personas indignas de estar sentadas en un puesto de tanta responsabilidad y que exige madurez.
Hay muchas cosas que hacer inmediatamente. Por ejemplo, voy a citar una que conozco muy de cerca: un empresario que ha tenido que cerrar su empresa. Cerrarla después de agotar todas las posibilidades de levantarla; cerrarla después de hipotecar todos sus bienes en créditos para reflotarla; esperar hasta, la última solución, vender el local de su propiedad donde operaba la empresa, para pagar la liquidación a sus empleados.
Al final, ha quedado sin paro, los autónomos no tienen derecho a paro; ha quedado endeudado; está pendiente de lo que los señores jueces decidan; algo enfermo; sin jubilación de ningún tipo hasta que cumpla los 65 años, le falta unos dos años, y tener que pagar su cuota de autónomo para poder mantener aceptable su jubilación. Pero todavía hay más, dicho señor tiene un pequeño plan de pensiones, 19.000 euros, que podría ser la solución de sus problemas hasta la tan deseada fecha de jubilación, pues no puede disponer de ello.

Supongo que en esa situación habrá muchas personas. ¿Qué espera nuestro señor zapatero para inmediatamente revocar esas leyes de los planes de pensiones y hacer que los puedan disponer sus dueños? ¿Es que hay que esperar a que la situación sea más grave? ¿Se puede entender tanta apatía y sin sentido? Realmente cuesta trabajo entenderlo y de no ser así, debe dar la cara, presentarse y explicar el por qué no se puede.
Como esas medidas y muchas otras, que cada uno de los que lean estas líneas pueden aportar, se puede empezar a hacer frente a esta grave crisis. Desde rebajar y eximir por un tiempo tributos, aranceles, impuestos...etc, hasta subvenciones y ayudas que abaraten y reactiven la economía. Se me ocurre pensar que cada empresa que contrate por dos años a dos empleados, pueda obtener unos descuentos sustanciosos en su declaración de impuestos. Y cuantas más abrían.
Sólo, concluyo, que nuestro problema radica en tener gobernantes que simplemente se buscan a ellos mismos, pues no los considero idiotas ni nada por estilo, y piensan que ellos están por encima de los demás. Es decir, nosotros para ellos sólo somos unos objetos que manejan y colocan donde quieren, cuando quieren y como quieren. Es por eso, por lo que no he podido escribir sus apellidos con mayúsculas, y no porque para mí sean objetos, sino porque no me merecen, aunque desde mi fe los respete, dignos del cargo que representan y ocupan.