lunes, 29 de diciembre de 2014

DEJA TU SOBERBIA Y QUEDARÁS LIBRES



La soberbia es el obstáculo que nos impide acercarnos a Dios. Pecamos por soberbia, porque nos creemos merecedores de esto o aquello. Exigimos derechos y, quizás el único derecho que tenemos no lo exigimos: la vida. Contemplamos como mueren miles y miles de niños sin que nadie de los que pueden evitarlo levante la voz.

A decir verdad tendríamos dos derechos: la vida y que se nos dé a conocer el mensaje de Dios. Porque en ello nos jugamos nuestra salvación. Y todo el mundo tiene derecho a salvarse, y a una vida en abundancia plena de gozo y felicidad eterna. Para, y por eso ha venido Jesús al mundo, y, precisamente ese nacimiento, celebrado el jueves pasado, lo celebramos con alegre esperanza porque significa eso, la salvación eterna.

Y estamos salvados. Jesús paga por nosotros, pero necesita tus pecados. Y sólo hay una manera de poder entregárselos: dejar nuestra soberbia a un lado y, humildemente, reconocernos pecadores y dejarnos curar por la Infinita Misericordia del Señor. Simplemente eso, que no es poco, y menos, fácil. La prueba está que el mundo vive de espaldas al Señor por la soberbia. Son los soberbios, además de los poderosos, los que Dios dispersa y no admite consigo. Lo canta María, su Madre, en el Magníficat.

Sí, realmente es difícil. No podemos engañarnos, pero se puede si contamos con la Gracia del Señor y con el Espíritu Santo. Está para eso, para asistirnos, para acompañarnos y fortalecernos para la lucha. De ahí se deduce nuestro entrenamiento: Penitencia y Eucaristía reforzadas con la diaria y constante oración. Con Xto. Jesús somos mayoría aplastante.

Sí, realmente podemos. Pero antes necesitamos, por la Gracia de Dios, dejar a un lado nuestra soberbia.

viernes, 26 de diciembre de 2014

EXPERIMENTAS QUE EN LA DIFICULTAD AFIRMAS TU FE



Todos hemos experimentado que las cosas que sabemos y en las que creemos nos han costado sudor y sangre. Hemos oído decir a muchos que "aquello que me dijo mi padre se me ha quedado grabado en el corazón", y su padre vivió una experiencia que le marcó esa vivencia. Porque lo que se consigue fácil y se vive cómodamente, pronto se olvida o no se le da valor.

Las cosas que cuestan conseguir son las que se valoran, y se miden por su dificultad. No hay mayor gozo que experimentar algo que has conseguido con tu propio esfuerzo. Desde esta reflexión, parece lógico y de sentido común que alcanzar la santidad y la felicidad plena y eterna, que Jesús ofrece y promete, deberá constar sudor y sangre. Pues bien, eso es lo que Jesús nos dice en el Evangelio de Mt 10, 17-22.

Dolerá mucho seguir a Jesús. Seremos perseguidos; no bien mirados en muchos lugares, y en otros, acoso y amenazas de muerte, y hasta martirio. Está eso ocurriendo hoy en muchas partes del mundo, por no decir en todo el mundo. Seguir a Jesús pasa por soportar dolor y sufrimientos, pero siempre esperanzados y llenos de gozo, porque las dificultades y los obstáculos afianza tu fe y te llenan de gozo y alegría.

Jesús, lo sabe, y por eso se ha quedado contigo, para acompañarte, fortalecerte, poner en tu boca las palabras precisas para tu defensa y proclamación, darte valor y garantizarte el triunfo de la vida plena de felicidad y eterna. 

Jesús te invita con esperanza y alegría a perseverar hasta que Él llegue. Y su Palabra, sabes, que siempre la cumple.

lunes, 22 de diciembre de 2014

LA FE EN JESÚS DUELE Y CUESTA SANGRE



Preguntarnos por qué la fe duele es respondernos porque es difícil creer. Se hace difícil creer en Jesús porque Jesús defiende la verdad, y el mundo en el que vivimos vive de la mentira. Así, tu verdad choca en muchos lugares y se te hace difícil respirar y caminar tranquilo. Te acechan muchos para excluirte y apartarte del camino.

Jesús mira por los que más necesitan cuidados y atenciones; Jesús mira por los más ignorantes, indefensos y pobres. Pobres de medios económicos que son explotados para que otros obtengan riquezas. Jesús mira por los que están desamparados y no tienen a nadie que les echen una mano. Jesús mira por tantos que sufren sus propios pecados y no encuentran quien los levanten.

Está claro, la verdad duele, porque la verdad derrama amor y exige caridad. Y son los creyentes en Jesús los primeros que experimentan ese dolor. Ese dolor que les hace sufrir porque experimentan obstáculos para vivirlo y les cuesta mucho desprenderse y darse. ¿Cómo será entonces para aquellos que le rechazan y que les atormenta la conciencia el oírlo?

De ahí nacen las persecuciones y los mártires. Muchos son los que les molestan oír la verdad y piensan que alejándola pueden dormir tranquilo. Se equivocan. Pero antes de darse cuenta perseguirán y matarán a muchos cristianos que, aunque pecadores, si quieren oírla y piden la Gracia al Espíritu Santo para poder vivirla en sus vidas.
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