Nadie está condenado de antemano. Su condena o salvación depende de él desde el momento que ha sido creado libremente. El hombre es libre por la Gracia de Dios, y eso supone decir que nadie lo puede ni tiene derecho a esclavizarlo o privarlo de libertad. Por lo tanto, claro está que tú y yo estamos de antemano salvados por la Gracia de Dios.
La locura de Amor de Dios por el hombre llega a tal extremo que da la Vida, en su Hijo predilecto, por la salvación de todos y cada uno de los hombres, adoptándolos como hijos en y por su Hijo Jesús. Jesús es, pues, el único Mediador por el que todos los hombres somos salvados.
Ahora, tú y yo podemos decir que no. Somos los únicos seres vivientes que podemos negarnos a aceptar el Plan de Dios. Por eso somos seres humanos racionales y libres para decidir. Y nos negamos cuando nuestra razón se niega a entender el Misterio de la grandeza y el poder de Dios. Nos negamos cuando queremos meter los misterios del mundo y el espacio en nuestro pequeño e impotente cerebro que apenas puede con saber quiénes somos. Nos negamos cuando queremos vivir según nuestros proyectos y planes sin tener en cuenta el Plan de nuestro Creador. Y así puedes descubrir cuantas más negaciones y rechazos hay dentro de nuestro corazón...
Sin embargo, y a pesar de todos esos rechazos y protestas, Dios, te y me sigue amando con locura, y esperando tu comprensión y aceptación de su Amor. Su paciencia es ilimitada, porque motivos tiene uno y mil para haberte abandonado a tu propia suerte. Dios te quiere, seas bueno o malo, y espera que entiendas y sepas utilizar bien e inteligentemente tu libertad. Quiere que aprendas a amar como Él te ama, y compartas tus dones recibidos y tus riquezas con aquellos que le faltan y carecen hasta de inteligencia para entender y saber por dónde caminan.
Dios espera pacientemente tu respuesta. Te da bastante plazo, sin fecha estipulada, pero lo suficientemente amplia para que puedas responder. Aprovéchala porque el tiempo es oro.