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jueves, 5 de julio de 2012

SE METE HASTA LA COCINA

... batalla donde peleamos todos los días con las tentaciones que...

Y no lo advertimos sino cuando ya el guiso está hecho, pero hecho a su manera, con sus ingredientes y a su propio gusto. Para entonces ya se hace difícil escapar, porque antes, cuando todavía se estaba a tiempo no se puso las actitudes y condiciones que se necesitaban para salir airoso.

Si lo dejas entrar, incluso lo invitas y le permites dialogar y tentarte, los resultados pueden asombrarte, y para cuando adviertes peligro, el terreno ya está comido. Por eso, una constante vigilia, en oración directa y personal. 

Un constante ayuno, ayuno de dominio de sí, de sacrificio para estar equilibrado, para no dejarte poseer por las cosas hermosas del mundo, para no dejarte comprar ni someter. Ayuno de circunstancias que nos invitan al confort, a entrar en la zona peligrosa y confortable del instalamiento. Ayuno de estar preparado, como Jesús, en su  adiestramiento en el desierto.

Y un constante desprendimiento de los apegos que nos acechan, que nos seducen, que nos tientan a cada momento, y que aprovechan la más mínima debilidad para debilitarnos, para aminorar nuestra sangre y congelar nuestro corazón, como si de una sanguijuela se tratara, y nublar nuestra vista para despertar sumergido en la oscuridad que te entrega al pecado.

¡Cuidado, mucho cuidado! Sin Él nada podemos hacer. Porque no se trata de mis planes, mis proyectos, mis amores, mis ideales, sino de los Suyos. Los míos son hermosos, pero caducos, finitos, vacíos de contenido y muy poco duraderos.

Los de Él son eternos, plenos, llenos de contenidos, ¡no hermosos, sino inmensamente maravilloso!, cargados de vida, de sentido, de pasión, de gozo y felicidad. Es Dios, mi Padre, y como Él no hay nada que lo pueda sustituir ni igualar. Pero cuesta sudor y sangre experimentarlo, buscarlo y guardarlo. Cuesta siempre, toda la vida, hasta la última gota de sangre.

lunes, 11 de junio de 2012

SÍ, EL DIABLO NO PARA EN TENERNOS OCUPADOS

 ... con un aumento medio del consumo por parte de los...


Y una de las cosas con lo que lo consigue es con el consumo. Consumir nos aparta de todo aquello que nos ayuda a vernos tal cual somos. Consumir nos introduce en un mundo productivo y económico. Consumir hace que no pensemos en otras cosas, pues producir exige estar al día, y estar al día nos lleva a adquirir los medios más avanzados y últimos del mercado.

En esa dinámica nos ponemos en una velocidad vertiginosa que nos prohíbe descansar. Y sin descanso será muy difícil reflexionar. Y sin reflexión perderemos la posibilidad de esforzarnos en responder a los interrogantes que palpitan dentro de nosotros mismos. Eso es lo que el Maligno quiere, que perdamos toda huella de Dios, y que solo respondamos a lo que este mundo nos dicta y ofrece.

Y cuando terminamos de consumir y pagar, solo desearemos un buen descanso. Y, sin darnos cuenta, vuelve la cadena de nuevo, ¡las vacaciones! Vacaciones que se convierten en crucero, diversión, visitas y más de lo mismo... Vuelve el consumo. Y cuando regresamos a casa estamos más cansados, pero la tarea acumulada nos devuelve de nuevo a la velocidad de vértigo.

¿Qué ha conseguido el demonio? Pues mantenernos ocupados; evitar que pensemos y dialoguemos; separar las familias, los hijos... Y, sobre todo, ese su fin más inmediato, apartarnos y alejarnos de Dios. Me parece muy ilustrativo el post de un bloguero nuevo, Pedro Fernández Cabañas, a raíz del cuál he enhebrado esta humilde reflexión. Le dejo el enlace para que lo conozcan y degusten sus buenas reflexiones a las cuales yo encuentro mucha miga.
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