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miércoles, 15 de marzo de 2017

EL DESIERTO NOS PREPARA

Muchas veces pensamos que las dificultades de nuestra vida son obstáculos y tropiezos que nos la entorpecen y también que nos atrasan e impiden crecer. Y, en su transcurso, experimentamos nuestra gran equivocación. Porque son ellas las que nos exigen y esfuerzan a crecer. Nada seríamos sin nuestros esfuerzos, sacrificios, empeños y voluntades por superarnos.

Y esas circunstancias se dan en nuestros propios desiertos. Desiertos de oscuridades, de impedimientos, de pruebas y superaciones que tenemos, a lo largo del camino, vencer. Y en esa lucha nuestra libertad y voluntad se fortalecen para permitirnos, más tarde, ser libres y elegir bien. 

Porque sólo eliges bien, cuando has experimentado el camino del mal;  porque sólo eliges bien, cuando puedes valorar el esfuerzo que necesitas para superar lo malo y convertirlo en bueno; porque sólo eres capaz de crecer, cuando, enfrentado con el mal, eres capaz de renunciar a ello y elegir el bien, a pesar de que eso te exija esfuerzo, renuncia y sacrificio.

¡Bendito desierto!, porque nos da la oportunidad de enfrentarnos con nosotros mismos y ser lo que realmente somos, seres creados para amarnos en la verdad y la justicia. Y para descubrir que tenemos un Padre Dios que nos quiere y nos ha creado por amor. Y su pensamiento es darnos la plenitud en gozo y eternidad. A eso nos llama, y el desierto nos ayuda a encontrarlo.
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