
Posiblemente no vuelva a repetirse de la misma forma, aunque nada se puede descartar. Ya ha habido muchos pasos atrás en las civilizaciones que nos han precedido. Hay épocas que caminamos para atrás como los cangrejos. Sin embargo, repetirse se repetirá, mejor, nunca ha dejado de repetirse, lo único que ahora empieza a sensibilizarse más.
Se desesperan y no resisten la paciencia cristiana, porque no quieren ver la diferencia de lo que es aceptado desde la fe en ALGUIEN, que vive y es el CREADOR, y de los que creen en el hombre, criatura limitada y creada.
Plácido y Emilia estaban casados y tenían 10 hijos. Una familia auténtica que vivía la fe en Barcelona, con el negocio de una panadería. En el año 1936 distintos milicianos registraron su casa en varias ocasiones y siempre salían apaciguados por la actitud bondadosa de la madre. Sin embargo, un día, el jueves 24 de septiembre, fiesta de la Virgen de la Merced, de improviso, se presentaron unos milicianos, a las seis de la mañana. Dijeron ser de la federación Anarquista Ibérica y tenían el encargo de llevarse a los hombres de la familia al Comité para que declarasen.
Estaban en la panadería los padres y varios hijos, miembros de la Federación de jóvenes Cristianos de Cataluña, y Teresa, la única chica que estaba en ese momento con ellos. Tres hijos y el padre, y un amigo, también de la Federación, que trabaja con ellos, tuvo que ir. Emilia les quiso acompañar. Al salir del coche, al haber llegado al supuesto Comité, fueron tiroteados por la espalda.
Y no hace mucho tiempo de que esto haya pasado. Pero lo peor es que continúa pasando, aunque las forma son diferentes, pero las actitudes son las mismas. Ahora no se puede matar de forma impune y radical, pero se va cercenando y acosando con diversas presiones, y acorralamientos que terminas por sentirte obligado a claudicar y hacer lo que ellos quieran. Es la nueva forma de matar: no te quito la vida, pero si te quito tu libertad.
Para ellos da lo mismo que físicamente no existas o que, como persona, no seas libre. De una u otra forma tú no cuentas, y te conviertes en un instrumento para ellos, destinado a servirles y a obedecerles. Es otra de las nuevas formas de esclavizar.
Y, mientras, el pueblo permanece impasible, ensimismado y entretenido en ver si España gana el Campeonato Europeo de selecciones o si este fin de semana lo puedo pasar tan bien o mejor que el pasado y... etc. A nuestro alrededor se van sucediendo fusilamientos como los de Plácido y Emilia, dichosos ellos que han muerto por nuestro SEÑOR JESUCRISTO, no de forma cruenta, pero si de forma letal y de muerte: matan la libertad y quieren matar el alma.
Pero no entienden, están ciegos y no ven, que los cristianos, con sustantivo propio, cuentan con AQUEL que es dueño de la vida y vencedor de la muerte. Con AQUEL que, ya nos advirtió que tuviésemos cuidado con aquellos que pueden matar el alma, no el cuerpo. Y en esto quiero pararme. Hoy es más peligroso que ayer, porque han reparado que matando el cuerpo no consiguen nada y, ahora, aprendida la lección, se centran en matar el alma. Es mas costoso, se necesita tiempo y paciencia, pero es más eficaz.
Sin embargo, sí el SEÑOR no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; sí el SEÑOR no guarda la ciudad, en vanos vigilan los centinelas. No hay nada que hacer por mucho que quieran y se propongan, porque estamos con el SEÑOR, constructor del Mundo y guardador de toda ciudad y pueblo. Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasaran, nos dice el SEÑOR.
Por lo tanto, nuestra aportación como iglesia, porque la Iglesia somos nosotros, a la sociedad española no es otra que seguir pronunciando esas palabras imperecederas, que se concretan en la proclamación del Evangelio, en la celebración de los sacramentos y en el servicio de la caridad.
Y jamás cesaremos de gritar y de defender, a pesar de perder nuestro cuerpo o nuestra libertad, porque nunca, nunca, perderemos nuestra vida, que está llamada a permanecer en plenitud eterna en la presencia del CREADOR, nuestro PADRE DIOS.
Y es que nuestra lucha no es una batalla, es un destino, un camino, un peregrinar cargando con nuestra cruz: incomprensiones, totalitarismos, violencias, ceguera, egoísmos, vanidad, soberbia... etc. hasta llegar a la Casa del PADRE.