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martes, 3 de mayo de 2022

TESTIMONIO DE FE


Un veinte de noviembre de 1945 nací a la vida de la Gracia. Fue la hora de mi bautismo y de mi nacimiento como hijo de Dios. Desde ese momento el germen de la fe se encendió en mi corazón. Hoy, setenta y seis años después, creo humildemente, sigo tratando de que ese germen de la fe, por la Gracia del Espíritu Santo, siga en mí perseverando y, sobre todo, creciendo. Ese es el reto de cada día, avivar esa fe, iniciada en mí el día de mi bautismo, y aumentarla por la Gracia de Dios.

Indudablemente, para eso, el único camino es seguir los pasos de Jesús, el Señor. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y sin Él nos perderemos y equivocaremos. Para ello, tenemos los medios necesarios, los sacramentos, fundamentalmente, la Eucaristía y la Reconciliación. Con y en ellos podemos levantarnos de nuestras caídas y fortalecernos de nuestras flaquezas y tentaciones para continuar en el camino hacia la Casa del Padre. Ese es nuestro destino y nuestra lucha. Resistirnos al mal que nos acosa y nos tienta; resistirnos a las tentaciones del mundo que nos seducen y nos amenazan con debilitar nuestra fe. Ser creyente no se reduce a decir creo, sino a perseverar en el camino de seguir en la lucha por crecer en la fe y seguimiento de Jesús. Y en eso estoy y estamos. Todo lo demás es importante, pero, lo más importante, por encima de todo, es seguir a Jesús. En ello nos va la Vida Eterna.

martes, 2 de septiembre de 2014

LA FE NUNCA DEJA DE CAMINAR



No se puede parar. ¡No!, la fe nunca puede permanecer parada. Si llega a pararse ha dejado de ser fe, porque la fe siempre está esperando, vive en la esperanza y permanece espectante en el camino ascendente. Porque quién camina adelanta, y quién adelanta crece. Si hoy tu fe es igual que ayer, tu fe ha estado parada, o, lo que es peor, ha retrocedido. Eso significa que empieza a dejar de creer y amenaza con morir.

La fe es una llama permanente y alimentada. ¡Claro!, necesita estar al lado del calor. Es más, estar en el Calor. El Calor que la mantiene viva, interrogante, arriesgada, caminando al filo de la navaja. La fe no calla nunca, siempre está preguntándose, exigiéndose y buscando. Y nunca se cansa. Es más, opta por confiar y abandonarse confiada en la Manos de su Señor. 

La fe termina por ver lo que cree, porque tanto es su anhelo que consigue el premio a su perseverancia. Hay muchos testimonios de fe premiados por su constancia y su tenacidad. No puedo obviar el pasaje de la mujer cananea. Aquella mujer, no judía, arrancó de Jesús su propósito por su testimonio de fe que sorprendió al Maestro. La fe no desfallece, y, realmente es fe, porque a pesar de los obstáculos camina y persiste y confía.

Una fe así tendrá respuesta como la han tenido todos aquellos que han perseverados. Una fe que no se para, que camina y vive, vive en el amor y la realidad que le rodea. Una fe que se interpela y se exige amar, porque descubre que sólo amando está realizando verdadero acto de fe.
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