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jueves, 3 de febrero de 2011

SOBRE UNA CONVERSACIÓN CON JIM CAVIEZEL


La libertad puede servir también para ser esclavo. Parece contradicción pero todo depende del significado que cada uno le quiera dar. Y ese es también el peligro del relativismo y de lo verdaderamente correcto, interpretar cada uno su propia verdad.

Si usamos el término libertad para hacer lo que deseo y me apetece, libertad será seguir mis apetencias y mis proyectos; mis ideales y mis metas, y todo aquello que se oponga será entendido como esclavitud o sometimiento. Entenderé que todo aquello que me sea propuesto como disyuntiva a elegir, bien o mal, es querer anularme y dirigirme, porque la verdad es mi verdad y no la del otro que me quieran imponer. Visto así, JESÚS y su Iglesia serían unos dictadores.

Ahora, vista y entendida la libertad como la capacidad de conocer el bien y adherirme a ella para experimentarla en mi vida y en todo lo que me rodea, lo que se deriva de sentirse libre es diferente y otra cosa. Porque, así entendida, el mundo funciona mejor y todos los problemas que enfrentan al mundo de hoy, como lo fue el de ayer, tendrían rápida solución y, como consecuencia, reinaría la paz y la justicia.

Esos frutos que, de entenderla de una u otra forma, se derivan de ella la señalan como verdadera o falsa. Recurrimos al juicio del Rey Salomón y observamos como queda, tras la sabiduría del Rey Salomón, identificada la madre del niño en litigio.

Hablo, en el título, de una conversación con el actor Jim Caviezel, y lo refiero porque esta humilde reflexión nace al leer la conversación que tiene María Vallejo-Nágera con él, que recojo de la revista Misión 18. Recordar que el actor Jim Caviezel fue el que interpretó a JESÚS en la película "La Pasión".

La razón de su visita fue el lanzamiento de su última película, "La verdad de Soraya M, basada en hechos reales y en la que se denuncia la terrible práctica de la lapidación como forma de castigo en algunas culturas a día de hoy. Precisamente, el término libertad tiene mucho que ver con estas culturas estancadas en el fundamentalismo ciego y al que supeditan a la mujer.

Hay un hecho, experimentado por mí en muchos momentos, que facilita la comunicación y el compartir. Lo transcribo literalmente: "Soy conversa de Medjugorje", le dije. "Y yo también", contestó. Desde ese saludo inicial no paramos de charlar hasta que se nos secó la boca. Y es que cuando está Cristo y su Madre entre nosotros, las barreras, los miedos, el ridículo, las diferencias, la suficiencia y...etc. desaparecen. Nos sentimos hermanos y unidos en el amor en el ESPÍRITU SANTO.


¿Cómo explicarías que el cristianismo haya erradicado la práctica de la lapidación, cuando aparece tantas veces en el Antiguo Testamento como método de castigo? Fácil respuesta pues JESÚS, que elevó al hombre (aquí hablo yo) por encima de leyes y normas poniéndolo centro y señor del sábado, y no sometido a él, quiso significar que la persona humana está por encima de toda ley humana. JESÚS cambió las leyes de la justicia por las leyes del perdón y del amor.

Su autoridad y firmeza deja inmóvil a aquella muchedumbre hambrienta de venganza y de imponer sus propias leyes que coartan, oprimen y someten a unos bajo el yugo de otros. Hoy podría pasar lo mismo, pero lo ha dejado a manos de nosotros para que, en su nombre, lo digamos y lo proclamemos: "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra".

Esa fue la gran lección del HIJO, en nombre del PADRE, contra este método cruel, egoísta, facista que, todavía hoy, muchos desoyen y miran para otro lado. JESÚS, ayer y hoy, porque vive entre nosotros, es clave para la paz del hombre.

jueves, 18 de febrero de 2010

SOY CREYENTE CATÓLICO PORQUE CREO QUE ES EL VERDADERO CAMINO.


Dar razón de tu fe es verdaderamente importante, pues de no hacerlo caeríamos en la indiferencia, en la idiotez y en el disparate de vivir dos vidas opuestas. La una, la propia vida corporal que se desarrolla, crece y cumple su función vital, y la otra, la que trasciende y busca las razones de su existencia y el por qué de su ser.

Ambas son importantes y están ligadas, pues la una sin la otra pierden todo su sentido y su razón de ser. Porque tanto una como otra forman un solo integral que está llamado a un mismo fin. De modo que, la una sin la otra, se contradicen y se destruyen. El ser humano es un todo formado de cuerpo y alma y de esa forma tiene que salvarse. No vale lo uno sin lo otro.

Desde esta perspectiva, el camino a elegir, al menos como yo lo veo, es elegir el camino de la Verdad y la Vida, y ese camino sólo lo descubro en JESÚS de Nazaret. Por eso soy creyente católico y así firmo mi blog. Parodiando a Chesterton, que dijo: "Quita lo sobrenatural, y no encontrarás lo natural", me reafirmo en lo mismo que yo creo. Lo natural no tiene sentido sin lo sobrenatural, y viceversa.

Pero, como apoyo a mi reflexión, sólo hay que fijarse que todo lo que hacemos desde el hombre y sólo pensado desde el hombre tiene consecuencias fatales. Las ideologías salvadoras y donde el hombre ha puesto sus repuestas y soluciones a los problemas de este mundo no traen sino desastres tras desastres. Cuando el hombre pierde el sentido trascendente sólo se busca y, al hacerlo, pierde el sentido solidario y la búsqueda de la verdad.

Resultado, todo lo que observamos a nuestro alrededor. Después de XX siglos, donde las experiencias de los grandes holocaustos como el de Herodes, Auschwitz, la I y II guerra mundial, los terremotos, el último y reciente de Haití, abortos y muchos otros acontecimientos, nos ponen de manifiesto la pobreza y limitada capacidad humana para encontrar respuesta a su búsqueda fuera de DIOS.

La capacidad de elegir y de, por lo tanto, decidir este u otro camino nos viene dada por el Creador, como prueba de demandar nuestro amor libre y decidido por la fe y confianza en ÉL. ÉL, que primero lo ha dado todo, hasta el extremo de ser el primero en amarnos, pues no podría ser de otra forma, respeta nuestras decisiones en la esperanza de ser liberados de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de DIOS.

No se podrá ocultar por mucho tiempo, pues, tarde o temprano, las cosas retoman su sitio y la verdad aflorará al lugar que le corresponde. El hombre convendrá que sólo mirando a su Creador puede encontrar el camino que, sin ÉL, nunca podrá encontrar. Eso está escrito en su corazón por mucho que él intente borrarlo y hacerlo desaparecer. La Verdad es solo una.

jueves, 26 de noviembre de 2009

EN RESPUESTA A LOS ENTENDIDOS E INTELECTUALES.


Cuando queremos rechazar una verdad o proyecto podemos usar una y mil formas de desvirtuarla y de oscurecerla hasta el punto de esconderla como si no fuese verdad o no se vea así. Son los artilugios de los que tienen el don de la palabra e inteligencia para disfrazar la verdad y poner en su lugar las suyas.

Son los que dicen, ahora, después de siglos y siglos de investigación e historia, que ellos saben más que otros y que su verdad es esta, o al menos, sin aparente esfuerzo de imponerla, sí la ofrecen como su propia verdad y la venden como si de perfectos alfareros se trataran al presentar su obra.

Son tan presuntuosos que contraponen el bisturí del raciocinio, del que ellos son fuentes y testimonios, a la subjetividad del mito, de tal modo que el balance final le dota de argumentos para concluir la irracionalidad de una religión que proclama a un DIOS "que no es persona de la que uno puede fiarse", que "no oye" las súplicas de los pobres y desgraciados, esclavizando a los seres humanos.

Pero ignoran todo aquello que testimonia la verdad y que les delata como no portadores de la misma. Se agarran a lo literal de lo que pueda servirle para interpretar desde su rebeldía el plan de salvación de un DIOS que, a pesar de su rechazo, le espera y le ama pacientemente. Son los hijos que, huidos de la casa, no han regresado y se resisten hacerlo, aún en las puertas de su oscura verdad y del contrasentido de sus vidas.

Si hay ALGUIEN que defiende a los pobres; si hay ALGUIEN que dio su vida por los pobres; si hay ALGUIEN que entregó todo y lo continua entregando por los pobres, ese es nuestro PADRE DIOS. Por mucho que miro en los lugares donde se sufre y padece enfermedad, hambre, ignorancia, miserias de todo tipo y carencias de todo bien, no veo a ningún intelectual; no veo a ningún defensor de los pobres que hablan y hablan y critican a la Iglesia; no veo a ningún literario o poeta comprometido con la causa ofreciendo su vida, su tiempo, su dinero, su ser.

Sólo veo religiosos, monjas de todas las edades, misioneros que han entregado su vida al servicio de los más desfavorecidos, voluntarios que renuncian a sus propios proyectos para dedicarse al proyecto de salvar y aliviar la vida de otros. Sólo veo a mayores y jóvenes sacerdotes dedicados a escuchar, servir y amar, dejándolo todo por un gran Ideal, la opción fundamental de sus vidas: "El amor". Sólo veo a la Iglesia, porque todos esos forman y conforman la Iglesia.

Alguien en esta línea dijo: "JESUCRISTO necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo. Yo voy a demostrar que basta uno sólo para destruirlo". Y yo le respondo, no con demagogia ni entelequias, sino con la sencillez y humildad que da la sabiduría del ESPÍRITU, que posiblemente usted no tenga porque lo rechaza: Mientras exista una persona creyente, nadie puede destruir a nuestro SEÑOR JESUCRISTO, porque CRISTO vive en mí, y en todo aquel que crea en ÉL y coma su CUERPO y beba su SANGRE.

Así que, amigo y hermano mío, no se emplee a fondo en la censura del cristianismo y menos en destruir al SEÑOR, porque nadie podrá hacerlo. Cada creyente, apréndanlo, es Templo vivo de ESPÍRITU SANTO y en ÉL habita DIOS. Jamás podrá ser destruido, porque hacerlo necesitaría acabar con la humanidad. Ya llevamos 2009 años y usted ve los resultados. Por mucho que se empeñen nunca lo lograrán. Son ustedes y sus palabras, sus ideologías y doctrinas mediocres y vacías las que desaparecerán, más el SEÑOR siempre permanecerá.

Y, para terminar, no hace falta mucha investigación ni tanto talento literario e intelectual, le diré con todo el cariño de que soy capaz que JESÚS, el HIJO de DIOS vivo, está entre nosotros. Ustedes pueden reírse y levantar una y mil trama para oscurecerlo, nublarlo, que nunca desaparecerlo, pero no podrán rebatir que su existencia y Resurrección es un hecho constatado.

No podrán demostrar que JESÚS no ha resucitado, ni que la Persona histórica de JESÚS no es real. No podrán demostrar ni encontrar su Cuerpo y lo que la historia dice. Ustedes, que todo lo que argumentan y saben lo aprenden y sacan de la historia, deben saber que los que vivieron con ÉL y fueron sus amigos atestiguan su Resurrección. Testimonian que se les apareció después de muerto y testifican que vive con su historia y sus vidas. Todos dieron la vida, después de padecer y sufrir por proclamar su Palabra. ¿Creen ustedes que hay personas tan tontas para creerse algo que no han visto, y entregar todo por ella?

Si les acepto que ustedes no crean, que piensen y digan, desde el respeto y la libertad, lo que piensan y entiendan. No olviden que todo se ha cumplido en JESÚS. Hagan uso de su intelectualidad para comprobar como todas las promesas desde el Antiguo Testamento se han cumplido en JESÚS, y el colofón, la Resurrección.

Por eso, en ÉL, sólo de ÉL y por ÉL podemos estar seguro y creer que ÉL no nos engaña. Porque en ÉL todo se ha cumplido, y de ÉL podemos fiarnos, pues su Palabra y Vida lo testimonia. No ofrecen ustedes esa credibilidad, ni desde sus palabras, y menos desde sus vidas para creerles, a todo será sus palabras y vidas, como lo son las mías y las de otros muchos. Sólo ÉL, al que ustedes rechazan, tiene Palabra de Vida Eterna.

miércoles, 7 de mayo de 2008

La negación de CRISTO como fenómeno editorial.


Estas novelas parecen racionalizar la falta de fe de muchos cristianos alejados...
En los últimos años se ha convertido en un lugar común de los escritores de ficción escribir relatos que tienen como común denominador la negación de la divinidad de Jesús y de su resurrección.

La diversidad de argumentos y de géneros confluye en un punto central común: Jesús no fue otra cosa que un pensador ilustre, cuyas enseñanzas fueron falsificadas por sus seguidores que en vez de construir el Reino de Dios –entendido como una enseñanza sapiencial puramente humana- construyeron una religión basada en la ficción de la divinidad de Cristo, en su resurrección y en una serie de instituciones, sacramentos y normas morales que no derivan de la predicación de Jesús sino que son una reconstrucción posterior que, en mayor o menor grado, falsifica la herencia del auténtico Jesús.

En estas novelas sus protagonistas se convierten en héroes que luchan por descubrir la verdad oculta durante siglos a la humanidad, conocida sólo por organizaciones secretas y por la Iglesia católica.

La negación de la cristología y de la escatología de la Iglesia católica y de la mayor parte de las confesiones cristianas son el común denominador de estos autores, que al escribir obras de ficción no están limitados por las normas profesionales de la historia.

Lo que ellos hacen es hacer literatura, mejor o peor según los autores. Ellos escriben ficción no historia. Pero es una ficción que niega las creencias más íntimas del cristianismo.

La moda de negar al Cristo de la fe y reconstruir una imagen puramente humana de Jesús no es ni nueva en la Historia ni se limita a la literatura –está presente igualmente en la literatura académica histórica y teológica-. En cierto sentido representan una vulgarización –en forma de relatos de ficción- de tesis defendidas anteriormente en formatos más complejos y menos accesibles al público en general.

Como soy un convencido defensor del valor de la libertad, incluida la libertad para decir tonterías, no comparto el criterio, defendido por otras religiones, que pretende limitar el derecho de los escritores a escribir libremente, incluso cuando lo que escriben ataca los fundamentos de mi fe.

Pero me preocupa la indiferencia con la que los cristianos nos estamos tomando este sistemático ataque contra nuestra fe. Sobre todo porque el fenómeno tiene que ver con algo que no podemos negar, que la fe religiosa de muchos cristianos, quizás de una mayoría, tiene más de tradición social –en declive- que de reconocimiento personal de los fundamentos de la fe y de sus implicaciones. De alguna manera, estos novelistas ofrecen a muchos cristianos sólo una base para racionalizar por qué no creen en la Fe de sus padres.

El fenómeno de la literatura de la negación de Cristo es un síntoma de una sociedad post cristiana en la que los creyentes deberemos asumir que deberemos ser fieles a nuestra fe como los primeros cristianos, en un mundo pagano que debemos evangelizar de nuevo.


Emiliano Jiménez
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=10750
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