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domingo, 19 de octubre de 2014

El Papa denuncia los «sistemas de producción y de consumo que excluyen a la mayor parte de la población mundial»



El Papa Francisco ha denunciado en su mensaje al director general de la FAO con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación, la «enorme» cantidad de alimentos que se desperdician y la especulación con los precios «en nombre del dios beneficio» y ha pedido que se dejen de defender los sistemas de producción alimentaria que excluyen a la «mayoría» de los habitantes del planeta privándoles incluso de las «migajas» de los ricos. Además ha pedido que se defienda la creación, de la que depende la vida de la familia humana. Leer más...

¿Dónde están los católicos? ¿Són católicos de iglesias de puertas para dentro? ¿Se confiesan católicos en la liturgia y las Eucaristías, e incluso comulgan? ¿Cómo pueden ocurrir estas cosas? ¿Es el mundo quien gobierna según sus dioses de economía y poder?

De esto nos ha hablado Jesús en el Evangelio estos días. Ha descubierto nuestra hipocresía y mentiras, y ya estamos advertidos. No piensen que podrán ocultar esas falsas apariencias, pues, como Él nos dice, todo lo que se diga o haga en la oscuridad o a escondida saldrá a la luz.

* La letra negrita es de mi reflexión.

jueves, 16 de octubre de 2014

ES FÁCIL DECIRLO, PERO DIFÍCIL VIVIRLO



Es fácil decirlo, pero otra cosa diferente vivirlo plenamente. El amor exige sacrificio y paciencia. El amor necesita mucha humildad y hambre de perdón. El amor necesita la Gracia del Espíritu Santo que nos capacite para amar. Porque sin la acción del Espíritu Santo nos será imposible amar y, por supuesto, perdonar. Así observamos muchas personas, la mayoría, que se acercan a la Iglesia para pedir el Bautismo o la primera comunión, que luego a la larga será la última, de sus hijos, sin el menor propósito de perdonar y amar a los que les rodean.

Es más, saben de que están en conflictos con familiares incluso y no experimentan arrepentimiento ni la menor actitud. Tanto el Bautismo como la primera comunión son trámites sociales que se avienen a cumplir por respeto humano, relaciones o burocracia social. Es fácil confesarse católico y hasta practicante, pero muy difícil vivirlo. Y ante esta dificultad ni se lo plantean. Lo dan por imposible y hacen lo que pueden, y eso significa hacer lo que les viene bien a sus intereses.

No experimentan el amor de Dios ni la acción del Espíritu Santo. Se enfrentan solos a la vida creyente porque no quieren ser dócil a la Voluntad de Dios. Les molesta. Y es que solos nada podemos hacer. Necesitamos la Gracia del Espíritu Santo para poder ver y caminar en la Luz del Señor. Y nos sentimos, los que queremos hablarles del amor y del perdón que nos da Jesús, impotentes y sin saber qué hacer. Sabemos de nuestro testimonio, pero somos débiles y fallamos. No llegamos a moverles ni a tocarles el corazón.

Constatamos que esa es la realidad. De ahí la inquietud de la Iglesia, prueba el Sínodo de la familia que en estos días se celebra, pero se nos escapa como despertar e iluminar el corazón de las personas que duermen en la oscuridad de la oferta diabólica del mundo. Sin embargo, por la Gracia del Espíritu, retomamos fuerzas para seguir, para sembrar y para esperar confiados la cosecha que recogerá el Señor.

Danos Señor la fortaleza, la paciencia, el coraje y, sobre todo, por intersección de santa Teresa de Jesús, la sabiduría para saber proclamar tu Verdad y también vivirla en nuestra vida y camino. Amén.

lunes, 11 de noviembre de 2013

SIN REFERENCIAS, ¿A DÓNDE VAMOS?



Hoy se habla mucho, y es bueno hablar y darse a conocer. Expresarte, compartir y dar tu pensamiento a los demás es algo muy valioso y enriquecedor. Enriquecedor porque, de ser bueno tu pensamiento, los demás se enriquecerán y aprovecharán de esas buenas ideas. Y de ser malo, también será bueno, porque dará pie para saber lo que no debemos hacer. Al compartir ganamos todos.

Ahora, hay un peligro, saber de quien nos fiamos y a quien tomamos como referencia para, partiendo de él enderezar todos nuestros pensamientos e ideas. Porque caer en la verdad de cada uno es como perdernos en un bosque donde no podemos ver el horizonte. Es lo que hoy convenimos en llamar el relativismo: cada cual piensa y vive como mejor le parece y según sus intereses. Lo demás, decimos que los respetamos, pero eso simplemente es quitarnos el problema de encima para luego, llegado el momento, pasar por encima de él.

¿Por qué respetamos la vida? Unos dirán que ellos la respetan hasta donde no le perjudique. Ahora, a partir de ahí harán lo que mejor les beneficie. Y otros seguirán su forma y manera de interpretar las leyes o sus propias leyes. Al parecer, la Ley Natural ya no vale. O vale cuando nos favorece, y nada más. Todos, dentro del juego social ordenado, hacemos los que nos viene en gana o mejor conviene a nuestros intereses. Así, el mundo en que vivimos refleja lo que oímos por la radio y televisión o leemos en la prensa. Deja mucho que desear.

Y es que no hay una referencia que inspire confianza y de crédito de su palabra. Por eso el mundo está tan mal. La vida, don preciado e intocable, derecho de cada hombre, se viola a cada momento, y muchos tratan de defenderlo con razonamientos que, según ellos, son razonables y validos. Y así podríamos ir citando muchos otros problemas. 

La vida es un derecho porque nos la ha dado Dios, y con ella hemos sido elevados a la dignidad de hijos, de sus hijos. Esa es la referencia por la que, hoy marginada y excluida la Ley Natural, la vida sigue siendo un derecho intocable que nadie puede interrumpir ni quitar. 

Esgrimir, que los hay, otros derechos nos llevaría al terreno de lo relativo, de los derechos personales y egoístas: pasarlo bien primero yo, y luego tú... Mis derechos primeros que los tuyos... Y todo se centraría en un buscarnos los unos y pasar de los otros. ¿Sacrificarme yo para darte la vida a ti y...? La única verdad es vivir bien y punto. Y así no llegamos a ninguna parte. El resultado ya lo sabemos.

Sin la referencia de la Palabra de Dios, que en Jesús de Nazaret nos fue revelada, el mundo se convierte en un mundo de ciegos que caminan al precipicio.
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