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«No me recogerá la muerte, sino Dios» (santa Teresa |
Ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella (Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24).
Y nosotros, los hombres, sus hijos, creados a su imagen y semejanza por Amor, estamos llamados a vivir eternamente. Nuestra razón nos lo dice, pues es de sentido común que vivir para morir no tiene sentido. La razón nos dice que la vida es para vivirla eternamente.
Porque nuestro corazón desea amar, y el amor nos hace sentir felicidad y eternidad. El amor nunca se acaba, y si se acaba es porque no está en Dios, su Creador. Y fuera de Dios nos quedamos a merced del diablo, y en él está la muerte.
Por eso es de sabio seguir a Jesús y estar en Él, porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Ya nos lo dice el libro de la Sabiduría preparándonos para la venida de quien nos va a salvar, Jesús.