martes, 14 de febrero de 2023

CON TODOS MIS RESPETOS

Con cierta frecuencia observo a algunas personas, sueles ser muchas, que hace genuflexiones y gestos de postrarse y arrodillarse ante el Señor. Cuando no, tocar las imágenes y repetidas señales de la cruz persignándose varias veces. No es que encuentre mal eso, pero siento el deseo de compartir lo que pienso y creo.

Dios, nuestro Padre, no es un Padre que nos quiere firmes ni exige que estemos de rodillas y en repetidas genuflexiones. Me imagino a Padre Dios como a cualquier padre de este mundo que cumpla con su función de padre. Nos quiere y nos, dentro del respeto, dar abrazos y confianza. Cada cual puede imaginarse como se relaciona con su padre. La parábola del Padre amoroso o hijo pródigo - Lc 15, 11-32 - nos describre como y cuanto nos quiere Dios.

De la misma manera, Padre Dios, que nos ha creado a su imagen y semejanza, quiere que nos comportemos con Él. No importa, aunque no es nada malo, tantas reverencias externas genuflexiones sino lo verdaderamente importante que nuestro Padre Dios quiere es la intención y el reconocimiento que guardamos en nuestro corazón. Es esa la verdadera intención que le importa al Señor. Porque, si nuestro corazón reconoce a nuestro Padre Dios como el Padre que nos da la felicidad eterna, todo lo demás se hará por añadidura según su Voluntad. 

Lo que realmente propongo y, mejor comparto, es que lo que interesa no son los gestos externos sino lo que siente nuestro corazón. Ese es el verdadero reconocimiento que quiere y gusta al Señor. Y es el que realmente tenemos que poner de rodillas cuando nos arrodillamos. Y no lo digo yo, sino que lo dice el Señor en el Evangelio cuando habla de las verdaderas intenciones que son las que manchan nuestra alma. No las que vienen de afuera, sino las que se fraguan dentro Mateo 15, 1-2. 10-14 - en nuestro corazón.

Simplemente, no trato de que los que piensan así dejen de hacerlo, solo que entiendan que lo que importa es lo que sienta mi corazón y no los cumplimientos. Estos valen y tienen verdadero sentido cuando realmente salen de dentro de la conciencia de que el Señor es mi Padre que me ama, y me perdona con infinita misericordia y me regala la felicidad eterna. Y le busco, le reconozco y, por eso, cumplo, porque mi cumplimiento se transforma en un gozo libre y deseado. Nunca impuesto como una norma u obligación de cumplir.

sábado, 4 de febrero de 2023

¿POR QUÉ UNA IGLESIA PERSEGUIDA?

Es curioso comprobar que la Iglesia ha sido, y lo es actualmente, perseguida en todos los tiempos. Muchos nos preguntamos el por qué de esa persecución ya que la Iglesia solo hace y busca el bien. Sobre todo de los pobres y más necesitados. ¿Cómo es posible que una Iglesia que derrama valores de verdad, de justicia, de solidaridad y fraternidad es tan perseguida hasta el extremo de querer exterminarla y borrarla de la faz del mundo?

Solo hay una respuesta. La Iglesia anuncia y persigue la liberación del hombre. Una liberación que se concreta en hacer el bien. La libertad es la virtud y el don de buscar la verdad, la justicia y hacer el bien. Hacer otra cosa en aras de su propio egoísmo y satisfacción sería libertinaje. Libertad, verdad y bien van siempre unidos.

¿Qué ocurre entonces? Simplemente que aquellos que buscan el poder en función de su propio interés les molesta la Iglesia. Les molesta porque se interpone en sus ideologías y leyes privilegiadas en favor de ellos mismos y sus intereses. La Iglesia defiende la libertad del hombre, y los poderosos buscan someter al hombre a sus intereses, luego les molesta esa Iglesia liberadora y defensora, sobre todo de los más pobres.

Por lo tanto, queda claro que buscan apartarla, minimizarla y destruirla. En todas las épocas la Iglesia ha sido perseguida. Desde su nacimiento, Jesús fue perseguido y hasta su muerte en la Cruz. Y tras su muerte y Resurrección le siguen persiguiendo en todos sus discípulos y seguidores. Y seguirán hasta el fin del mundo. Pero la promesa es esta: "Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." Mt 16, 18

sábado, 14 de enero de 2023

¿DONDE ESTÁ TU FE?

Es posible que niegues muchas cosas pero ¿niegas la historia del siglo I o IV? O, ¿niegas lo que no concuerda con tu forma de pensar o ver? Luego, ¿en qué crees? ¿De quién te fías?

Dices que no crees en Jesús de Nazaret y niegas la historia – los Evangelios – que se han escrito de su vida, de su Palabra y de sus obras. ¿Y crees en otras historias? Bien, es verdad que esta historia de Jesús te compromete y te implica a ti directamente, pero también te ofrece lo que ninguna otra te ofrece. Porque, mientras las otras hablan de lo que ha ocurrido en el mundo, ésta, la de Jesús, habla de tu propia salvación, de tu resurrección y de tu felicidad eterna. Claro, de no hacerle caso tu vida puede perderse, no para la eternidad pero sí para rechinar de dientes y sufrimientos eternamente.

Claro, estas en tu derecho y puedes negarlo y rechazarlo. Eres libres y se te ha dado poder para eso, pero, quieras o no llegará el momento con tu muerte para dejar este mundo y entrar en el otro. Luego, allí ya no hay vuelta atrás, lo que hayas creído y vivido aquí tendrá su recompensa o castigo allí.

Necesitas creer y de hecho estás las veinticuatro horas del día fiándote. Incluso hasta mientras duerme te fías de quienes vigilian tu sueño. No tienes, por tanto, razones para negar lo que hizo Jesús ni tampoco argumentos para negar su Resurrección. Te será difícil comprender su Poder y Resurrección pero los hechos lo avalan y, sobre todo, los testigos que han dejado su experiencia y testimonio en los Evangelios.

¿Acaso los historiadores de todos los tiempos tienen más fundamentos y razones para dar veracidad sobre lo que escriben? ¿No son testigos directos y presenciales los apóstoles y discípulos de todo lo que hizo Jesús y de su Resurrección? Incluso, ¿no han dado sus vidas por defender y anunciar esa verdad? ¿Y tú, sin ninguna razón te pones a negarla?

Mira, podrás decir y alegar todo lo que quiera pero lo que sucede es que esa Verdad que nos transmite y revela la Vida de Jesús nos compromete y nos invita, si quieres encontrar eso que buscas, la felicidad, a creer en Él y a convertirnos. Y eso exige esfuerzo, renuncias y sacrificio. Ante este reto nos apetece buscas salidas y huir. La mejor manera de hacerlo es resistiéndonos a creer y a autoengañarnos con mecanismos de defensa que tergiversa la realidad.

De cualquier manera el momento nos llegará y todo se verá claramente. Una buena razón es que aquellos que hayan intentado tomar ese camino de puerta estrecha no habrán perdido el tiempo, porque, aunque se presenta incómodo y duro, detrás de él está el gozo y la felicidad. Porque, solo tras el amor se esconde la felicidad.

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