jueves, 25 de diciembre de 2008

¿Sabemos realmente a donde vamos?


La pregunta tiene gran importancia, porque de no saber a donde nos dirigimos estaríamos al borde del disparate y del sin sentido. Y esto es lo que aparenta estar pasando, pues las noticias llueven cada día en este sentido. Y el caos cada vez es mayor, hasta el punto que las próximas generaciones estarán rotas y desestructuradas y con ello la sociedad será un caos sin sentido y sin rumbo.

Y todo esto porque la célula fundamental de la sociedad está afectada y desprotegida por el egoísmo. El egoísmo de los que quieren apartarse de toda responsabilidad a la que compromete el verdadero y único amor: "buscar la verdad". La verdad del bien del ser amado; de los hijos frutos de ese amor; de la comunidad donde nos desarrollamos y crece nuestro amor; de la sociedad de la que participamos en beneficio de todos sus bienes.

Cuando sólo contemplamos nuestro propio bien y egoísmo, la huella que dejamos tras de nosotros es hiriente y podrida: aislamiento, separaciones, libertinaje, irresponsabilidades, muertes, abandonos, corrupción, explotaciones...etc. Es la estampa que se nos presenta en el horizonte de nuestro destino, precisamente porque los hombres quieren gobernarse ellos y darle la espalda al niño DIOS que en esta fechas celebramos su venida al mundo.

Así, de esta forma, miramos a nuestro alrededor y vemos como una madre de alquiler se quedó embarazada con el esperma de un hombre que, junto a su mujer, iban a comprar a la niña por nacer, recuerden la reflexión del útero subrogado. Poco antes del parto, la madre de alquiler vendió a la niña a otra pareja que le ofrecía más dinero, y ahora un tribunal belga ha reconocido el derecho del padre biológico a conocer a su hija.

Ha sucedido en Bélgica, estamos ya hablando de hechos reales, no supuestos; a la pequeña An la llaman "la niña con tres madres y dos padres. Es lo que sucede cuando los derechos del niño se dejan de lado en favor de un supuesto derecho a tener hijos. Y acabamos de empezar. Lo que nos espera dentro de unos cuantos años, de seguir en esta línea según el hombre, es una sociedad sin familias, donde cada uno tendrá varios padres y madres y no sabrá a que atenerse.

La educación y desarrollo será según quien más pueda y los hijos serán muñecos en manos de los padres que seguirán jugando con ellos a ver quien se los lleva. Y en ese tirar unos para la derecha y otros para la izquierda sólo lograrán romper al niño. Una vez más los derechos del niño se tiran por el suelo y todo lo proclamado queda en palabras que se las lleva el viento.

sábado, 20 de diciembre de 2008

¿Ofertas para morir? ¿Es verdad lo que veo?


La verdad nos hace libres, libres para buscar el bien porque el bien está contenido en la verdad pues, ¡si no, eso no sería verdad, sino mentira! Y se hace evidente que el hombre cuando busca la verdad desde sí, no encuentra sino mentira y perdición. La evidencia es tan clara que estamos llegando a la degeneración y al disparate. Nos afanamos en dar vida y en buscar soluciones para prolongar la vida, ¡hay si llegáramos a descubrir el elixir eterno de la juventud!, por métodos científicos y luego hacemos lo propio para producir la muerte. ¡Jamás se puede ver tanta incoherencia y sin sentido!


El hombre, que quiere dominarlo y controlar todo, se pierde en sí mismo por querer ser como DIOS. Ese ha sido nuestro pecado y, hoy continua siéndolo. Pero lo más sorprendente es ver que aún viendo su propia destrucción no quiere ver la verdad y no levanta camino hacia la auténtica libertad. Es deplorable y hasta entristecedor ver tanta soberbia y vanidad humillada con el paso de los años e impotente de poder levantarse y regresar al camino de la verdad.


Nos parece imposible y nos cuesta creerlo, pero la realidad es inapelable y a ella nos tenemos que rendir y remitirnos. Llega a ser monstruoso el comprobar las ofertas que hay para bien morir, o morir dignamente, como lo presentan. Precisamente a Mario Melazzini lo que le hizo recapacitar fue esa frialdad con que se negocia tu propia muerte, como si de un objeto se tratara. Sólo nos falta pedir rebaja para que no sea muy gravoso para la familia, ¡Disparatado! ¡Sin sentido!

Hoy, Mario Melazzini tiene otro problema, el deseo incurable de felicidad progresiva que padece. ¡Si llega a comprar su muerte! Estamos en una era en la que vamos perdiendo nuestra dignidad, porque lo único que hace al hombre digno es el amor. Y el amor nunca puede matar. Ahora, nosotros matamos al nacer y al morir. Ya no sólo no nos dejan nacer, sino que nos dejan morir. Al final somos mercancía de comprar y vender. ¡Pobre de aquel que se ponga viejo antes de tiempo!

Como ven, las conclusiones que se desprenden de todo esto son disparatadas y más propias de los animales que las personas. La muerte emitida por televisión de Craig Ewert es la constatación de la soberbia humana a constituirse en dueño y señor de su vida. Pronto creeremos que podemos nacer cuando queramos y morir también. Indudablemente yo prefiero ser creado por amor y morir cuando DIOS, mi creador, decida darme la plenitud de vida eternamente feliz.
Y claro, supongo que eso tendrá alguna contraprestación pues, según nuestros criterios, nada nos es dado de gratis, lo normal sería aceptar lo que nos pase de forma natural y atenuado lícitamente por los cuidados paliativos proporcionados al dolor. El SEÑOR JESÚS nos lo señaló así testimoniándonoslo con su muerte, pero también con su Resurrección. Y, para asombro de todos, de forma gratuita, simplemente por amor.

viernes, 12 de diciembre de 2008

El debate.

Siempre he entendido y así lo he compartido y manifestado que el debate forma parte esencial de la vida social, ya sea de la crítica artística o literaria, de la producción científica o de la vida política, de la dignidad de la persona humana o de su trascendencia, de los derechos y deberes de la educación , la escuela, las personas...etc.

Me siento identificado, al leer un artículo en ABC (jueves 111208), por el Catedrático de Sociología (UCM) don Emilio Lamo de Espinosa, en todos sus argumentos y coincido con él en su conclusión de considerar de suma importancia el reconducir los diferentes debates a su justo término dentro de los parámetros democráticos y en plena libertad.

En mi reflexión y comentario trataré de exponer mis puntos de vistas, apoyado en los criterios que en su artículo expresa el citado autor. Indudablemente, el debate es el vehículo imprescindible que tenemos los humanos para establecer acuerdos, puntos de vistas común, unificar criterios y objetivos, conseguir consensos y encaminar acciones comunes en bien de todos.

El debate, consumado en el diálogo, debe estar edificado en buscar la verdad. La verdad que esté en servicio y beneficio de todos. Esa es la condición fundamental que no puede faltar, porque de lo contrario estaríamos en partidismos y exclusiones de unos sobre otros. Creo que es lo que está ocurriendo y las consecuencias son claras y evidentes.

Y condición fundamental del debate dialogado es hacerlo en plena libertad, fuera de toda presión y condición impositiva, pues desde ese momento ya no sería debate, sino defensa de lo que yo quiero y busco. Debatir es buscar lo mejor para todos. Y hacerlo en libertad significa buscar la verdad, que realmente nos hace libre, en bien de los demás. Luego, cuando defiendo y persigo mis propios ideales e intereses; cuando trato de someter al otro a mi propia verdad, no estoy buscando el bien, sino mi bien.


Por eso ocurre que hay hambre en el mundo; por eso ocurre que hay injusticias y muertes; por eso ocurre que hay egoísmos que desheredan a unos y enriquecen a otros; por eso hay trepadores que busca quitar para ponerse él; por eso hay izquierdas y derechas; por eso hay estereotipos sobre el debate que, más que analizar argumentos, los etiquetan y pre-juician; por eso en el transcurso del debate nos descubrimos defendiendo nuestra verdad interés o egoísmo sin reparar en buscar la verdad, lo mejor para todos.

El debate perfecto, el grado uno del debate, por así llamarlo, sería aquel en que las partes, reconocidas como interlocutores válidos, atiendan sólo a los argumentos del contrario, que se discuten sin malicias y de acuerdo con los tres instrumentos de crítica clásicos: la coherencia interna y racionalidad del discurso, su ajuste con los hechos y evidencia empírica y, finalmente, la oportunidad formal y sustantiva del debate, si es o no procedente.

De huir y salirnos de ese contexto empezamos a adulterar la esencia propia del verdadero significado de debatir. Igual ocurre con el concepto libertad. No es que se entiendan mal, sino que lo conformamos a nuestros propios intereses. No queremos ver la debilidad de nuestra propia naturaleza, frágil, limitada, egoísta. E irrumpimos en desviarnos tangencialmente hacia el lado que más nos convenga. Y aparece la demagogia y los esteorotipos señalados.

Llegado a este punto nos sumergimos en ataques y malicias. Ahora ya no interesa argumento alguno, que es atribuible sólo a la malicia y perversidad o, como mucho, ignorancia, del contrario. En este grado se hace presente el pecado de juicio, intenciones espurias, estrategias, engañosas, cortinas de humo, manipulaciones o conspiraciones. Y así el argumento ya no es incorrecto sino artero, las tesis no son incoherentes sino perversas, la gente no se reune sino que conjura, y así sucesivamente.


Es el momento de las etiquetas generalizadoras, verdaderos estigmas que aislan y excluyen y dividen y enfrentan las orillas, como los aros amarillos de los judíos: fascitas, rojo...etc. En este estado de diálogo disfrazado, el contrario, ya ha etiquetado al otro como enemigo, ya estereotipado, es públicamente encapirotado y despersonalizado.

Y así se puede decir, por ejemplo, que quienes votan a los otros son unos "tontos de los cojones"; y no sólo lo dicen, sino que lo mantienen, ¡faltaría más! Aunque pueda parecer lo contrario este grado tres no es tan frecuente en el discurso político, pero sí en el mediático - político, pues el nivel de ferocidad y agresividad de los columnistas/tertulianos, prensa del corazón, es hoy muy superior al de los políticos profesionales.

Y sólo nos faltan unos pasos para llegar a la acción del disparate. Ya, llegados aquí, ni siquiera se aparenta argumento alguno, sólo se insulta y cuanto mayor sea la violencia verbal mejor. Es ahora cuando aparecen términos como "vomitona", "baba", "mierda" y parecidas, que sólo pretenden rebajar al contrario a algo despreciable merecedor de cualquier trato. Y se asegura, por ejemplo, que no estaría mal quemar los libros del contrario, poner una bomba en algún sitio (como el Valle de los Caídos), quitar los crucifijos de toda vista, acabar con la religión y la educación libre, imponer una educación ideológica, matar a inocentes, eutanasia, desestructurar la familia...etc.

Sin darnos cuenta entramos en el terreno del odio. Todo se saca fuera del contexto dialogante en el primer grado. La memoria histórica, la vida, la muerte, la familia, la libertad, el respeto, la dignidad y el sentido de la vida son verdades y valores que ya no se debaten, sino que se defienden enfrentándose unos contra otros en una carrera devoradora de satisfacer mis ideologías y egoísmos. Es el momento del disparate y la carencia del respeto y libertad. Estamos en la gestación de enfrentarnos a muerte: la guerra.

Termina el señor D. Emilio Lamo Espinosa, subrrayando que el diálogo en el grado cuarto, este último, empieza a aflorar, con lo que estoy totalmente de acuerdo, y es el momento de quienes están en situación de reconducirlo tienen la responsabilidad ineludible de hacerlo.
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