martes, 9 de noviembre de 2010

LA ESPERANZA DE BRASIL


Cada nueva emprendedura trae consigo una nueva esperanza en que las cosas cambien para bien. Porque la tendencia es siempre hacia el bien. Nadie se plantea cambiar a peor. Y al comenzar una nueva etapa, Brasil alberga la esperanza que los millones de pobres puedan salir de esa pobreza y tener una vida digna como todo ser humano tiene derecho.

Y cuando oyes a la nueva presidenta, Dilma Rousseff, primera mujer presidenta en Brasil, proclamar la prioridad de erradicar la pobreza, se te enciende las luces de la esperanza en tu corazón e imaginas que erradicar la pobreza conlleva otras cosas primeras que sin ellas no puedes conseguir esta.

Abolir la pobreza significa proteger la familia, porque sin la familia los pueblos no progresan y prosperan. Y proteger la familia trae consigo erradicar el aborto, dictar leyes sociales que la protejan y la hagan la célula fundamental, que ya lo es por ley natural, que posibiliten que cumpla su verdadera misión de formar pueblos apoyados en la justicia y la paz.

Y apostar por los valores (abro este paréntesis): paz, justicia, libertad, igualdad, respeto, educación libre, solidaridad con los más necesitados y pobres...etc es apostar por Aquél que le puede dar sentido a todo esto, porque ¿quién le pone su justa medida a estos valores o virtudes? ¿Hay alguien capaz de creerse capacitado para dirigir y alumbrar el camino a tomar según estos valores?

Deducimos de forma evidente que sin JESÚS de Nazaret, DIOS hecho Hombre, no sabemos como dirigir y gobernar un país. Si nuestra Presidenta, como le ocurre a Obama (ver aquí), no se pone en las manos de JESÚS de Nazaret, para llevar a su país hacia el bien común, suceden dos cosas: "O si no creen en ÉL están perdido (a los hecho me remito), o sólo buscan sus propios intereses y beneficios.

El tiempo, como lo ha sido con Obama, será testigo de esto que reflexiono aquí en este momento, y nos enseñará la verdad de lo que expongo.

Porque teniendo familias sanas y justas, basadas en el respeto y el amor a todos sus miembros, nacidos ya a la vida o nacidos en el vientre de sus madres, tendremos pueblos sanos y pacíficos ordenados en una convivencia libre y en verdad. Y de eso se desprende la erradicación de la pobreza e injusticias.

Vivimos encadenados y dependiendo unos de los otros, y para arreglar todo sólo hace falta arreglar lo fundamental, y lo fundamental, Sra. Presidenta, es la familia. Tenga usted la valentía de protegerla en toda su dimensión y verá los resultados. Quisiera que le llegara estas humildes palabras y que usted apostara por eso. "La familia", porque si la familia funciona bien, su pueblo funcionará bien. No hay otra prioridad que la familia.

Pruebe usted por quitarle el hambre y las injusticias a cada familia pobre brasileña, y verá que pronto Brasil empezará a brillar de otra forma. Eso es lo que ha, hace y está haciendo la Iglesia en su país, como también en otros muchos. Lo tiene, todavía más fácil, proteja a la Iglesia y ayudele, y conseguirá su objetivo mucho más rápido y sin más esfuerzo ni complicaciones. La fórmula es sencilla y simple, pero demanda mucha valentía y coraje, y una fuerte convicción de que ese es el camino.

Saldrán muchos lobos gordos y hartos que quieren más, y que no están dispuestos a perder su hartura y graneros para vivir cómodamente instalados en un hedonismo egoísta y sin sentido, que sólo conduce al vacío y a la ruina. Por eso le animo a que sea veraz y cumpla su promesa: "ERRADIQUE LA POBREZA".

sábado, 6 de noviembre de 2010

LOS VALORES.

 No me cansaré de proclamar la necesidad de ahondar y reflexionar desde nosotros mismos, porque las respuestas a los interrogantes que el ser humano se plantean están y nacen desde su propio ser interior. No importa ni mancha lo que está fuera sino lo que sale desde dentro del mismo corazón del hombre.
Alcanzar la felicidad es el objetivo de toda persona humana, pero para alcanzar dicha meta se hace necesario primero saber donde está ese objetivo y cómo poder alcanzarlo. Y eso se llama aprender, conocer o educar. Necesitamos educarnos para saber y conocer donde tendremos que poner rumbo en nuestro camino.

En ese camino se hace imprescindible conocer lo importante, lo que realmente vale y nos puede ayudar verdaderamente a conseguir lo deseado. Es lo que denominamos valores, que ahora están muy de moda en todas las culturas  e ideologías imperantes. Pero, ¿en realidad sabemos de qué hablamos? ¿Entendemos de qué y dónde está lo que necesitamos para alcanzar el camino verdadero y autentico?

Porque caminos hay muchos, pero cada camino tiene, por decirlo de alguna manera, un anticamino (camino equivocado). Es decir, hay verdad, pero también mentira. Se trata, pues, de alcanzar la verdad para llegar al verdadero camino que nos conduzca al lugar deseado y a lo que realmente queremos. Pero, mejor que yo, les podrá ayudar esta reflexión que he tomado como punto de reflexión y que no tiene desperdicio. Les dejo con ella:

Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana.
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Forum libertas
La educación en los valores está de moda. La familia y la escuela, los gobiernos y diversos grupos sociales buscan enseñar y promover valores entre la gente, sobre todo entre los niños, adolescentes y jóvenes, aunque también entre los adultos.

La pregunta resulta necesaria: ¿cuáles valores? La lista de valores es inmensa. Existen, además, valores que son más apreciados por algunos pueblos y culturas, mientras que otros valores son menos apreciados. Los valores enseñados en el pasado no son los mismos que los enseñados en el presente.

Para responder, resulta necesario aclarar qué es “valor”. Se trata de una propiedad o una dimensión que descubrimos en “algo” y que perfecciona a quien escoge ese “algo”.

La definición es intencionalmente abstracta. Bajémosla a algunos ejemplos. Juan y Matilde tienen hambre. En la nevera encuentran quesos y jamones, tomates y pescado congelado. Cada uno de esos alimentos puede satisfacer, de modos distintos, el hambre de Juan y de Matilde: es “valioso” para empezar a comer. Si, además, alguno de esos alimentos es más saludable y permite cumplir con una dieta impuesta por los médicos, su “valor” aumenta, sin que el alimento haya cambiado, porque “perfecciona” más a quien lo come desde su situación particular.

En palabras más sencillas, el valor de “algo” (un objeto, una idea, un acto, una persona) consiste en su poder perfeccionar a alguien, a quien escoge ese “algo”, y mucho (no todo) depende de quién es ese alguien que escoge ese “algo”.

Nos damos cuenta de que existen un número inmenso de valores. El balón de fútbol tiene un valor muy grande para miles de niños, mientras que interesa muy poco a muchos ancianos. El color de la ventana es un valor para dos recién casados. El trabajo realizado con gusto es un valor para el campesino, el oficinista o el conductor de camiones. La participación en misa todos los domingos es un valor para los católicos que quieren vivir en serio su fe.

Entre la multitud de valores, descubrimos que unos son más importantes, más hermosos y más nobles, porque llegan a aspectos centrales del corazón humano. Otros valores, en cambio, tienen una importancia menor, porque quedan en lo periférico, o porque producen un resultado muy pobre (el placer o la autocomplacencia son resultados efímeros y vanos de quien escoge valores empobrecedores), o porque satisfacen un deseo pero dañan al mismo tiempo dimensiones profundas de las personas. ¿No es un valor conseguir más dinero, pero no es un daño enorme conseguir ese dinero a través de un fraude?

Las diferencias que existen entre los valores permiten establecer una jerarquía entre los mismos. Hay valores más importantes y otros más accesorios. Hay valores que llegan al espíritu y otros que miran sobre todo al cuerpo. Hay valores que promueven la unión y la armonía entre los hombres y otros que llevan al egoísmo y a la violencia. Hay valores que sirven sólo para la vida terrena y otros que llegan a la vida que existe tras la muerte.

Cuando entendemos lo que es un valor, descubrimos que casi siempre está acompañado por un “antivalor” o un “desvalor”. El valor de la solidaridad encuentra su antivalor en la insolidaridad. El valor del respeto tiene su correspondiente antivalor en el desprecio, etc.

A lo largo del siglo XX algunos filósofos elaboraron listas de valores y establecieron una escala de los mismos. Como un ejemplo, tomado del P. Joseph de Finance (1904-2000), podemos clasificar los valores en estos grupos:

a. Valores infrahumanos: existen realidades que valen para el ser humano en su dimensión más periférica. Por ejemplo, el placer, la fuerza física, la salud. Como dijimos, cada uno de esos valores tiene sus antivalores (el dolor, la debilidad, la enfermedad, etc.).

b. Valores económicos y “eudemónicos”: realidades con las que el hombre cree alcanzar cierta ganancia o beneficio desde el cual puede luego conquistar otras metas. Por ejemplo, el valor de la prosperidad, del triunfo, del dinero, etc.



d. Valores morales: son valores que tocan al ser humano en lo más profundo de sí mismo, en el uso de su libertad, en su responsabilidad. La enumeración podría ser larga, pero podemos mencionar los siguientes: la bondad de corazón, la rectitud de conciencia, la sinceridad, la autenticidad, la lealtad, la laboriosidad, la fidelidad, la generosidad, la servicialidad, la magnanimidad, la justicia, la honradez, la gratitud, etc.

e. Valores religiosos: son valores que se refieren a nuestras relaciones con Dios. Aquí podemos mencionar, por ejemplo, el valor de la oración, de la piedad, de la veneración, etc.

Si analizamos algunos programas para educar en los valores, notamos en seguida la ausencia de muchos de los valores que acabamos de mencionar, y la presencia de otros valores que tienen su importancia, pero que no son esenciales para la vida humana.

Por ejemplo, se habla mucho de la tolerancia, del respeto, de la apertura, del diálogo. Pero se olvida que cada uno de esos valores (a veces son virtudes) están relacionados o dependen de otros valores (y virtudes) sin los cuales no se consigue nada.

En otros programas hay cierta confusión, pues aparecen como superiores valores que son inferiores, si es que no se llega a mezclar valores y antivalores. Hablar, por ejemplo, del valor del sexo como si cualquier acto sexual fuese “valioso” por el hecho de producir un placer es no sólo contraproducente sino dañino, y lleva a consecuencias dramáticas al fomentar el desenfreno y la adicción (dos antivalores) en no pocos adolescentes.

Una sociedad que haga de la belleza física, de la “línea” (aparecer ante los demás con una figura juvenil), de la fuerza o del dinero los valores más importantes ha perdido la cabeza y avanza hacia su desintegración profunda, con consecuencias funestas en las vidas de miles de personas.

Para evitar esos errores, cualquier auténtica educación en los valores necesita reflexionar seriamente sobre lo que es el hombre y sobre aquellos bienes valiosos que le permiten acometer su existencia humana de modo correcto y bueno. Sólo con una buena antropología podemos reconocer la jerarquía de valores que pone a cada cosa en su sitio.

Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana: su relación temporal y eterna con Dios y con los otros seres humanos. Luego siguen los valores del espíritu, que incluyen la disciplina mental para acceder a la verdad, para “retenerla” con una buena memoria y expresarla de modo claro y honesto; la fuerza de voluntad, que permite comprometerse en el trabajo, en el estudio o en las mil actividades de la vida familiar; la solidaridad, que lleva a los hombres a unir sus esfuerzos en la construcción de un mundo más acogedor; la justicia, que permite no sólo respetar los acuerdos o los derechos ajenos, sino promoverlos allí donde todavía son pisoteados... La lista podría ser muy larga, pero da una idea de lo urgente que es elaborar buenos programas de formación en los valores.

Una sociedad que sepa proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?

martes, 2 de noviembre de 2010

¿QUÉ ES LIBERTAD?



Cuando se anhelaba ser libre y poder actuar según convicciones personales no se sabía lo que era libertad. Se quería algo que no se conocía o se entendía mal. Y al entenderlo mal se aplica mal. Hoy se exigen derechos en aras de ser libres, para exigirlo cuando no se tienen, ni ser libre significa tener derecho a exigir.

Ser libre es todo lo contrario, es buscar y exigir el bien común, el bien de todos. Y entre todos están también los médicos, a los que se les exigen que nos curen y salven, cosa que ellos no pueden prometer, solamente ofrecer su ayuda asistencial sanitariamente entendida, pero sujeta a muchas limitaciones y carencias humanas.

Sin embargo, paradogicamente a esto, se le exige matar y no se le admite la libertad de elegir salvar vidas, para lo que han sido formados y han jurado, excluyendoles el derecho de objeción de conciencia ante la práctica del aborto. ¿DIOS mío, qué sociedad estamos fabricando?

A continuación les dejo con esta encuesta publicada en "cincoDías.com" para formen su opinión al respecto. Todos estamos implicados y todos podemos hacer algo desde nuestro actuar personal.

Relaciones con los pacientes

Siete de cada diez médicos han sido amenazados en consulta

El exceso de burocracia y la idea de que la salud puede exigirse son problemas clave, según los expertos.

José Carlos Fuertes, Francisco J. García Pascual, director de comunicación de Pfizer, y José Godino.. Siete de cada diez médicos han sido amenazados en consulta - CINCO DÍAS
El 40% de los encuestados cree que hay un abuso de la sanidad pública
N. Sanmartin Fenollera - Madrid - 29/10/2010

Pese a que la palabra agresión hace pensar automáticamente en la ejecución de un daño físico, existen también agresiones psíquicas. Un concepto que en los últimos años se ha hecho tristemente familiar para los médicos -especialmente para los que trabajan en atención primaria- en el día a día de sus relaciones con los pacientes. Siete de cada diez confiesa haber recibido alguna vez amenazas en su consulta, mientras únicamente un 3% afirma haber padecido agresiones físicas.

Las cifras, dadas a conocer ayer por el psiquiatra José Carlos Fuertes Rocañín, autor de una encuesta entre 2.843 médicos de toda España impulsada por Pfizer, sitúan el problema de las agresiones contra facultativos donde los testimonios de éstos revelan que está: en las amenazas, insultos, intimidaciones y coacciones, antes que en los ataques físicos.

¿Qué hay detrás de esa instantánea? Fuertes Rocañín no duda en hacer un diagnóstico valiente al aludir a dos grandes cuestiones: el exceso de tareas burocráticas y ajenas a la medicina que sobrecargan al médico y le impiden concentrarse en su objetivo natural -el enfermo- y la falsa idea por parte de los pacientes de que la salud es un derecho que se puede exigir.

"Los pacientes han cambiado. Del paciente paciente hemos pasado al usuario-cliente que se informa, exige, presiona. Y ahí se ha cometido una gran equivocación: el transmitir a la población la falsa idea de que existe un derecho a la salud. El derecho a la salud no lo tiene nadie, es imposible tenerlo, no lo tiene ni el médico. Lo único que se puede ofrecer es el derecho a la asistencia sanitaria, que es algo diferente", señaló.

En ese sentido, el estudio revela que cuatro de cada diez facultativos creen que existe un uso abusivo de la sanidad por parte de los pacientes. También es significativo que el nivel de insatisfacción y desbordamiento del médico -22%- casi duplique el de la población en general: 12%.

Ese cambio en la relación médico-paciente ha incrementado de forma exponencial el número de conflictos en las consultas, ha judicializado la labor del médico y le ha obligado a adoptar una postura defensiva. Según el informe, el 22,4% de los entrevistados reconoció estar inmerso actualmente en un problema legal y un 49% afirmó conocer a un colega que lo estaba.

Como explicó José Godino Izquierdo, presidente de la sección primera de la Audiencia Provincial de Málaga, "la medicina en los últimos años se ha convertido en una profesión de riesgo relativo". Godino se refirió a su experiencia personal al señalar que "se ha producido un notorio incremento de las querellas y denuncias contra los médicos". 

De un total de 2.000 sentencias recopiladas por el magistrado, 1.800 se correspondían con la jurisdicción civil, 124 con la penal y 114 con la contencioso-administrativa. El 98% de los fallos condenatorios, explicó, lo son "por agresiones verbales, amenazas y coacciones" y sólo el 2% por físicas. Entre las opciones que se barajan para proteger a los facultativos, Godino recordó que hay comunidades autónomas que abogan por instalar timbres de alarma o pánico, poner dos puertas en las consultas o acudir a la videovigilancia.

Las presiones, en las bajas y los certificados

¿Cuál es el principal motivo que se esconde tras las amenazas y coacciones a los médicos? "La agresividad no se dispara por una mala praxis, sino por actos burocráticos: las altas y bajas médicas, los certificados de salud y defunción, etc.", señaló ayer el psiquiatra José Carlos Fuertes Rocañín. El facultativo puso como ejemplo las presiones de los pacientes que solicitan certificados médicos "inmediatos" que pretenden obtener sin dar tiempo al médico para realizar las pruebas necesarias o los casos de amenazas a facultativos en visitas a domicilio para firmar certificados de defunción "cuando el profesional puede no tener claro que esa muerte sea natural". Del estudio presentado ayer se desprende que el 76% de los médicos cree que en los conflictos, la Administración favorece al paciente.

¿Debe ser autoridad pública el facultativo?

Entre las propuestas que se plantean en el estudio presentado ayer destaca la posibilidad de que el médico adquiera la condición de autoridad pública. "Hay una sentencia del Supremo que reconoce esta petición. Ahora bien, lo que ocurre es que actualmente muchos colectivos reivindican lo mismo: los padres reclaman que se refuerce la autoridad paternal, los profesores quieren ser autoridad pública, incluso lo han reclamado los taxistas. Con todo esto corremos el riesgo de desvirtuar el concepto", apuntó el magistrado José Godino Izquierdo. En la Comunidad Madrid, donde los facultativos ya tienen esa condición fruto de un acuerdo con la fiscalía, en los dos últimos años se han dictado cinco penas de cárcel por agresiones, según informó ayer el departamento jurídico del colegio madrileño.

El 90% de los juicios, a favor del profesional

Los datos hechos públicos ayer por el Colegio de Médicos de Madrid revelan que el 90% de los juicios que se entablan contra facultativos terminan con una sentencia a favor de éstos, según las estimaciones del departamento jurídico de la organización. Desde el colegio se reclama una mayor concienciación por parte del colectivo médico para atajar esta situación, "ya que sólo tres de cada diez médicos formaliza una denuncia tras la agresión".
En palabras del Alberto López Rocha, vocal de Médicos Titulares y Rurales, "hay que dar un paso al frente y no quedarse impasible ante estas agresiones ni ser sumiso, porque hoy es tu compañero y mañana puedes ser tú". Según el colegio, el 75% de los médicos de la Comunidad de Madrid ha recibido insultos o amenazas en las consultas.

Las cifras

22% de los facultativos reconoce estar inmerso actualmente en un conflicto legal, que puede ser penal, civil o administrativo.
49% afirma conocer a algún colega que lo tiene.
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