sábado, 1 de diciembre de 2012

PREDICAR O EVANGELIZAR

 La Palabra de Dios, la roca sobre la que construir la vida

A simple vista parecen lo mismo. Se llega a pensar que es la misma cosa y que equivale a estar haciendo lo mismo. Donjoan ponía el dedo en la llaga a proclamar que tienen diferencias y que no son lo mismo. Una cosa es cuando hablamos de predicar y otra evangelizar.

Donjoan reflexionaba y ponía como telón de fondo que dejen a los curas predicar y ustedes, los seglares, dedíquense a evangelizar. Evangelizar cada uno según los talentos recibidos y según situaciones, contexto, entorno y cultura. Yo estoy de acuerdo con eso y reflexiono mi respuesta.

Cuando alguien predica, en este caso, los curas, hablan y explican una Palabra desde el Evangelio y cuando lo hacen en la Eucaristía, desde la acción del Espíritu Santo. Predicar es, en mi opinión, dar a entender unos criterios y palabras que nos han sido dadas. Se trata de asimilar lo que el contenido de la Palabra quiere transmitirnos y aclararnos su lectura y comprensión. Supongo que tendrá más matices, pero este es, si no el principal, si muy importante.

Evangelizar es otra cosa. Se trata de lo recibido, en este caso la Palabra, hacerla vida en nuestras vidas, e injertados en Jesús, concretarlas en acciones que dinamizan nuestras vidas y la hacen vivencias en el cotidiano vivir de cada día. 

Evangelizar es ir con y por Jesús amando en la vida, y caminando con sus criterios y espíritu. No se trata de unas normas o unos preceptos. No se trata de practicar unos ritos o cumplir unas metas concretas. Se trata de dar tu vida en el camino de tu vida, apoyado en Xto. Jesús y amando cómo Él mismo nos ama y nos amó mientras estuvo en este mundo.

Creo que la diferencia es bastante notable. Mientras unos predican, otros evangelizan con el testimonio y la palabra, bajando a la vida, a la propia vida de cada día y convirtiendo las palabras en actos concretos de servicio, justicia, paz y amor.

martes, 27 de noviembre de 2012

MUCHAS MANERAS DE VER LAS COSAS...

Pero ninguna se sostiene por sí misma. Sí, es verdad que pensamos y que nos hemos formado por lo que hemos oído, hemos estudiado y por la educación recibida. ¿Pero de quién nos viene esa educación? De otros muchos ciegos como nosotros.

 Hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada.


Por mucha preparación y sabiduría, ¿quién se arroga la verdadera sabiduría y la verdad absoluta? Entendemos que nadie, sin embargo nos sentimos en posesión de la razón en muchos momentos de nuestras vidas y discutimos y defendemos esas verdades parciales hasta el punto de dividirnos y enemistamos.

Pero todavía peor, nos enfrascamos en discusiones sin saber bien de qué hablamos. Pues en muchos casos hablamos sin conocimiento de causa y sin haber gastado esfuerzos en conocer sobre lo que hablamos. Ocurre mucho eso en la Persona de Jesús de Nazaret. 

Somos muchos los que nos permitimos hablar de Él y no sabemos casi nada de Él. Eso sí, creemos que sabemos pero en realidad no conocemos la Biblia ni tampoco la leemos. Simplemente hablamos. Y hablamos de los curas sin conocerlos; y hablamos de la Iglesia sin conocerla...etc.

No solo ocurre esto con Jesús y con la Iglesia, sino también con muchas otras cosas, como la política u otras profesiones. El hobby de hablar sin saber, o saber muy poco, es algo que ha calado mucho en nuestras sociedades. Y no es que no se tenga derecho hablar, pero lo justo es que cada uno hable hasta donde pueda hablar y luego calle o se prepare para saber que responder.

Porque es de ignorante hablar sin saber, y eso ocurre muchas veces. Si no se conoce a alguien, caso de Jesús, se debe primero intentar conocerlo para luego decir algo de Él. Es lo justo y lo correcto, pero al parecer todos sabemos de todo. 

Pero todavía hay un matiz muy importante. Y es que en el caso que nos ocupa, no se trata simplemente de conocer sino de vivir. Porque puedes hablar de tus conocimiento, pero ahí queda todo, porque lo que llega y se transmite es de lo que tú puedes hablar porque lo, al menos, intentas vivir. No hables sino de lo que vives y haces.

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿A DÓNDE ME DIRIJO?

 se hace camino al andar.


Porque puedo llegar a metas muy altas y a ser conocido en un ámbito, diríamos universal, pero no dar los frutos que espera mi Padre. Porque no se trata de dar mis frutos, los que yo quiero y me apetecen, sino los que espera mi Padre. Él me ha regalado todas mis cualidades para dar esos frutos que se esconden y nacen en el amor.

Un amor libre, generoso, que no mira resultados ni exige condiciones; un amor que abraza y perdona; un amor que se da y pone todos sus esfuerzo en buscar el bien en la verdad; un amor entregado y si esperar nada a cambio; una amor por amor hasta dar la vida poco a poco si fuese necesario.

Un amor al estilo de Jesús, olvidado de sí mismo para entregarse a los demás. No se trata de volar muy alto, sino de volar a la altura del verdadero amor, cuya referencia es Jesús de Nazaret. No se trata, pues, de llegar sino de vivir, y ese vivir necesita pararse, reflexionar, mirarse interiormente y encontrarse. Encontrarse con Jesús en los hermanos.

Ese es el camino. Un camino que hay que recorrer despacio, sin velocidades ambiciosas ni de resultados. Un camino lento, compartido y vivido en el amor. Y eso exige paciencia, ritmo proporcional a la capacidad de cada uno y mucho camino en espera. En espera de que te encuentres y lo encuentres, porque sin Él, el camino no tiene sentido. Nos perderemos, y solo encontraremos nuestros frutos, frutos secos, efímeros y caducos.
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