sábado, 29 de octubre de 2016

SIMPLEMENTE UN CREYENTE COMPROMETIDO CON SU FE

En muchos círculos o grupos pueden confundirse o hacerse una falsa imagen respecto a mi presencia en númerosos grupos de ambito católico o creyentes. Porque una cosa es creer y otra ser creyente católico. Este blog nació, hace ya varios años, con esa convicción. Simplemente de compartir mi fe católica. Por eso se denomina "Yo soy creyente católico", para definir y concretar su fe.

Porque se puede creer en muchas cosas y de muchas formas. Porque se puede creer en uno mismo y creer en lo que uno piensa, le gusta, lo entiende o le parece lo correcto y le conviene. Pero creer en el catolicismo es creer en la Iglesia católica. Y creer en la Iglesia católica es creer en Jesús de Nazaret. En Aquel Jesús que formó un colegio apostólico, Lc 6, 12-19, que transmitiera sus enseñanzas y su doctrina. Pero que lo hicieran no sólo de palabra sino también con sus vidas.

Y desde ese momento, la Iglesia que forman los apóstoles, hoy los obispos, y todos los sacerdotes que han ido sucediendo, constituyen el legado y la tradición de todo el Mensaje de Jesús. Más todavía cuando tienen la promesa de su fundador, nuestro Señor Jesús, de la asistencia del Espíritu Santo, Jn 14, 16-26, para que le vaya diciendo lo que tienen que hacer cada momento. Esa es la Iglesia de Jesucristo, y esa es la Iglesia en la que yo creo.

Y creer significa seguir sus enseñanzas,  sus consejos y su verdad. Creer significa se dócil a su Palabra, que es la Palabra de Dios y abrirse al Espíritu Santo, que la asiste y la auxilia. Creer no es escoger lo que me parece y lo que entiendo, dejando lo que me estorba o no me gusta ni tampoco entiendo. Creer es fiarme del Señor y de su Palabra que transmite y proclama su Iglesia. La Iglesia dirigida por el sucesor directo de Pedro, hoy Francisco bajo la dirección del Espíritu Santo.

Por eso la razón de este blog, "Yo soy creyente católico", y las de mis otros blogs, que sólo tratan de proclamar el Evangelio y la Palabra de Dios desde las reflexiones de cada día de las escrituras y evangelios según la santa Madre Iglesia. No hay otras intenciones ni razones. Lo hacen desde el respeto y la libertad de que, sus lectores, reflexionen o mediten según sus criterios y convencimientos. Eso sí, buscando siempre la verdad.

sábado, 8 de octubre de 2016

AHORA ES EL MOMENTO


Albert Rivera, en una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, este miércoles
Ahora es el momento de demostrar tus buenas intenciones, al menos si vivian dentro de tu corazón. Ahora es el momento de dar un paso hacia delante y demostrar que lo que decías era verdad. Uno, porque debentender la mano al caído y levantarlo con un abrazo de fraternidad y no de reproches. Y en silencio proponerle lo mejor para el país, que desangra y sufre.

Otros, porque debens reconocer su errores apoyados en sus propios egoísmos y sin razones y descartando el sentido común, que parecen no tener, si, ahora, no son capaces de descubrirlo. Se necesita humildad y mucho sentido de estado, de mirar para los votantes sangrandos y afixidado por tanta irresponsabilidad. Y también para los militantes, engañados, exacerbados y ciegos, a los que se debe ahora apaciguar y explicar la pura realidad de su situación.

Es el momento de demostrar la caballerosidad y de no demorar más lo que se tenía que haber hecho hace ya nueve meses. Es el momento de demostrar a Europa que España ha pasado una época alocada, sin sentido y descolocada. Es el momento de volver al sentido común, a la España de la transición y el ejemplo para Europa y el resto del mundo. Es el momento para la unidad con un pacto entre caballeros de todos los partidos constitucionales que proclaman la unidad de España. Sí, realmente ahora es el momento.

Y no debemos desaprovecharlo, porque el edificio demócratico está muy requebrajado y amenaza con derrumbarse. No dejemos pasar esta oportunidad. Hablemos, diáloguemos, tendámonos la mano y miremos a nuestros respectivos votantes. Desean vivir en paz. Construyamos y fortalezcamos España.

Y vendrán nuevos tiempos. Aquí no termina todo. La historia sigue y todos los partidos, sobre todos los que naveguen sobre el sentido común, la concordia, el diálogo, la justicia, la unidad y la paz, tendrán su recompensa transformadas en votos en las próximas eleccions, que, ¡ojala!, sean dentro de cuatro años.

viernes, 7 de octubre de 2016

ES FÁCIL DECIR: CREO, PERO...


Muchos, la mayoría, diría yo, confiesan ser católico y creer. Algunos añaden que creen en Dios, pero no en la Iglesia o los curas. Confunden la Iglesia con los curas. Y otros confiesan que son bautizados, pero en estos momentos no creen. Y digo en estos momentos porque tu actitud puede en cualquier instante cambiar. La conversión es siempre una posibilidad. Y lo mejor que nos puede ocurrir.

El problema empieza cuando experimentamos que la fe no es un objeto ni un artículo que podamos comprar. Igual que no somos capaces de aumentar en un pelo el cabello de nuestra cabeza, tampoco somos capaces de tener y aumentar nuestra fe. Eso depende de ese Dios en el que tú y yo creemos. Y de no fiarnos de Él o estar convencido de que es Él quien nos la puede dar, nada va a cambiar en nuestro corazón.

Y, para recibirla tenemos, primero que pedírsela, después, fiarnos, pues el pedírsela ya lleva implícito el que creemos, o, al menos queremos creer. Y tercero insistir y con esperanza y confianza. Pero hay más, esa fe que estamos pidiendo nos revela su Plan de Salvación, que no es el tuyo, que es el de Él. Y como tal Plan de Salvación necesita que se le siga y que se cumpla.

Por lo tanto, descubres que creer no es inventarte tu propio camino y determinar tu propia fe. Creer es ponerse en las Manos del Espíritu Santo y dejarse guiar y conducir por Él. Y eso exige obediencia, humildad y caridad. Por eso, en mas de una ocasión Jesús nos ha invitado a ser como niños, humildes y sencillos, porque el Reino de Dios es sólo para aquellos que descubren que son pequeños y limitados, es decir, pecadores, y necesitan que el Señor Jesús nos salve.

No digamos tan fácilmente que creemos si no estamos dispuesto a seguir los consejos y el camino que marca nuestra santa madre la Iglesia, que es santa, porque su fundador, nuestro Señor Jesucristo, es santo, no por los que, como tú y yo, también la formamos.
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