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miércoles, 4 de diciembre de 2013

MI PUEBLO





Mi pueblo ya no es un pueblo, ha crecido bastante y respira olor de ciudad. Sin embargo, me gusta recordarlo como pueblo porque él fue el que amamantó mis primeros pasos y me enseño mis primeros paseos. Más tarde, en su viejo parque meció mis tardes de juego en las que florecieron mis primeros amigos. Amigos que a veces recuerdo y me pregunto qué será de ellos.

Porque unos han volado a otros lugares; otros aparecen y desaparecen según las estaciones, y todos han seguido caminos que, por una u otra causa, nos separan y toman rumbos diferentes. Amigos de juegos de "coge y deja", del boliche y del trompo; amigos de "la piola", de emular a los cowboys, de los primeros descubrimientos, del colegio, del fútbol, de las primeras novias, de los primeros bailes, del trabajo, de la fe...





Amigos que ya se han ido, amigos que sufren enfermedad y amigos envejecidos por el tiempo que nos avisa que pronto llegará nuestra despedida. Amigos a los que me gustaría reunir y hablarles de esperanza, de gloria y alegría. Amigos a los que me gustaría decirle que, a pesar de la separación, permanecemos juntos y juntos volveremos a permanecer, porque todos somos hijos de un mismo Padre.

Mi pueblo es el lugar que Dios me ha regalado para ganarme el cielo. En él tengo el espacio y el tiempo donde vivenciar mis actos de amor, y donde demostrar y testimoniar el amor que digo tener a Dios. Mirado así siempre será un regalo tener un pueblo, y unos amigos, y una comunidad, y una Iglesia. Por eso, sin darme cuenta he empezado a sentir que quiero a mi pueblo, y que busco lo mejor para mi pueblo y para la gente que vive en mi pueblo.





Y he pensado: "Si todos nos empeñamos en amar a nuestros pueblos, el mundo empezaría a ser mejor".

jueves, 7 de noviembre de 2013

MI PUEBLO



Mi pueblo ya no es un pueblo, ha crecido bastante y respira olor de ciudad. Sin embargo, me gusta recordarlo como pueblo porque él fue el que amamantó mis primeros pasos y me enseño mis primeros paseos. Más tarde, en su viejo parque meció mis tardes de juego en las que florecieron mis primeros amigos. Amigos que a veces recuerdo y me pregunto, ¿qué será de ellos?




Porque unos han volado a otros lugares; otros aparecen y desaparecen según las estaciones, y todos han seguido caminos que, por una u otra causa, nos separan y toman rumbos diferentes. Amigos de juegos de "coge y deja", del boliche y del trompo; amigos de "la piola", de emular a los cowboys, de los primeros descubrimientos, del colegio, del fútbol, de las primeras novias, de los primeros bailes, del trabajo...

Amigos que ya se han ido, amigos que sufren enfermedad y amigos envejecidos por el tiempo que nos avisa que pronto llegará nuestra despedida. Amigos a los que me gustaría reunir y hablarles de esperanza, de gloria y alegría. Amigos a los que me gustaría decirle que, a pesar de la separación, permanecemos juntos y juntos volveremos a permanecer, porque todos somos hijos de un mismo Padre.




Mi pueblo es el lugar que Dios me ha regalado para ganarme el cielo. En él tengo el espacio y el tiempo donde vivenciar mis actos de amor, y donde demostrar y testimoniar el amor que digo tener a Dios. Mirado así siempre será un regalo tener un pueblo, y unos amigos, y una comunidad, y una Iglesia. Por eso, sin darme cuenta he empezado a sentir que quiero a mi pueblo, y que busco lo mejor para mi pueblo y para la gente que vive en mi pueblo, pues de mi amor hacia ellos dependerá mi dicha y mi gozo en el Señor.

Y he pensado: "Si todos nos empeñamos en amar a nuestros pueblos, el mundo empezaría a ser mejor".
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