jueves, 18 de febrero de 2010

SOY CREYENTE CATÓLICO PORQUE CREO QUE ES EL VERDADERO CAMINO.


Dar razón de tu fe es verdaderamente importante, pues de no hacerlo caeríamos en la indiferencia, en la idiotez y en el disparate de vivir dos vidas opuestas. La una, la propia vida corporal que se desarrolla, crece y cumple su función vital, y la otra, la que trasciende y busca las razones de su existencia y el por qué de su ser.

Ambas son importantes y están ligadas, pues la una sin la otra pierden todo su sentido y su razón de ser. Porque tanto una como otra forman un solo integral que está llamado a un mismo fin. De modo que, la una sin la otra, se contradicen y se destruyen. El ser humano es un todo formado de cuerpo y alma y de esa forma tiene que salvarse. No vale lo uno sin lo otro.

Desde esta perspectiva, el camino a elegir, al menos como yo lo veo, es elegir el camino de la Verdad y la Vida, y ese camino sólo lo descubro en JESÚS de Nazaret. Por eso soy creyente católico y así firmo mi blog. Parodiando a Chesterton, que dijo: "Quita lo sobrenatural, y no encontrarás lo natural", me reafirmo en lo mismo que yo creo. Lo natural no tiene sentido sin lo sobrenatural, y viceversa.

Pero, como apoyo a mi reflexión, sólo hay que fijarse que todo lo que hacemos desde el hombre y sólo pensado desde el hombre tiene consecuencias fatales. Las ideologías salvadoras y donde el hombre ha puesto sus repuestas y soluciones a los problemas de este mundo no traen sino desastres tras desastres. Cuando el hombre pierde el sentido trascendente sólo se busca y, al hacerlo, pierde el sentido solidario y la búsqueda de la verdad.

Resultado, todo lo que observamos a nuestro alrededor. Después de XX siglos, donde las experiencias de los grandes holocaustos como el de Herodes, Auschwitz, la I y II guerra mundial, los terremotos, el último y reciente de Haití, abortos y muchos otros acontecimientos, nos ponen de manifiesto la pobreza y limitada capacidad humana para encontrar respuesta a su búsqueda fuera de DIOS.

La capacidad de elegir y de, por lo tanto, decidir este u otro camino nos viene dada por el Creador, como prueba de demandar nuestro amor libre y decidido por la fe y confianza en ÉL. ÉL, que primero lo ha dado todo, hasta el extremo de ser el primero en amarnos, pues no podría ser de otra forma, respeta nuestras decisiones en la esperanza de ser liberados de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de DIOS.

No se podrá ocultar por mucho tiempo, pues, tarde o temprano, las cosas retoman su sitio y la verdad aflorará al lugar que le corresponde. El hombre convendrá que sólo mirando a su Creador puede encontrar el camino que, sin ÉL, nunca podrá encontrar. Eso está escrito en su corazón por mucho que él intente borrarlo y hacerlo desaparecer. La Verdad es solo una.

jueves, 11 de febrero de 2010

¿DECIDIR EN BASE A QUÉ?


El hombre es la criatura capaz de amar hasta el extremo de entregar su vida, pero también es capaz de cometer las mayores barbaridades que ningún otro ser, al menos de forma consciente, es capaz de cometer. El hombre es la criatura a la que todo está sometido, y él es el designado para administrar todo lo creado en este mundo llamado tierra.

Sin embargo, tiene un encargo y condición, qué todo debe ser administrado a buen fin y respetando la ley del amor. Todo debe estar en función de él, y nada le sobrepasará. De tal forma, que el hombre es la criatura por excelencia y su dignidad está fuera de toda discusión, y su derecho a la vida es intocable. Y este derecho implica que su vida, tal como le ha sido concedida, no puede ser violentada, condenada y menos destruida.

Y, podemos concluir que, todo aquel que se atreve a ir contra este derecho Natural, está incumpliendo la Ley impresa en su propio corazón, y negándose a sí mismo y a su propia verdad. Todos los hombres sentimos el deseo más profundo de amar, y sólo lo dejamos de sentir cuando nos abrazamos al desenfreno carnal y hedonista que, también, mora en nuestras entrañas.

He repetido hasta la saciedad que, en un acto de sinceridad y verdad comprenderíamos la gravedad del genocidio que cometemos, si nos pusiéramos en el lugar de esos niños que son fecundados y nacidos en el vientre de sus madres y, por nuestra prepotencia y suficiencia egoísta, son condenados a muerte en su primer hogar. Es trágico ver como son extinguidos sin la menor posibilidad de defensa innumerables personas por el simple hecho de ser engendrados, de forma no consciente, o de tener alguna deficiencia, o por interrumpir alguna carrera profesional, trabajo o...

La prueba de que todo esto el mismo hombre no lo aprueba en lo más hondo de su corazón es que, mientras mata por un lado defiende la dignidad, la libertad, el respeto, se solidariza con todos aquellos que son esclavizados, mal tratados, padecen hambre... por otro lado son engullidos por su propia humanidad carnal que los somete y esclaviza hacia su propio ego hedonista. Al final hacen lo que no quieren hacer, y no se esfuerzan en hacer lo que verdaderamente sienten y desean.

Porque el hombre es amor y el amor busca la verdad y el bien. Gracias a eso hay un equilibrio en el mundo que lo sostiene y evita su derrumbamiento y caos. Pero eso no nos invita a permanecer pasivos ni resignados, sino que nos debe empujar a denunciar y a luchar por recordarnos que somos hombres y tenemos el deber, también lo sentimos, de conservar, administrar todo aquello que se nos ha dado para bien de toda la humanidad. Y en ese proyecto, el hombre es el Rey de la Creación.

No cesaré de alzar mi humilde voz, ni de poner mi modesto esfuerzo en proclamar que la vida no tiene ningún debate, porque está por encima de todos los debates, y es un bien que nadie puede adjudicarse y, menos, ser quién para decidir su vida o muerte.

Desde aquí, animar a todas aquella personas que proclaman la defensa de la vida. También a aquellas, como muchas que conozco que la han defendido, aún a riesgo de su propia vida, dándole la oportunidad de nacer desde su mismo vientre. Porque somos medio, colaboradores, pero no dueños, pues la vida que nace tendrá su propia vida e independencia y tendrá su recorrido diferente al mío. Yo, por lo tanto, no soy su dueño. ¿Por qué entonces me constituyo como juez de la misma?

También a otras que, ante una reflexión sincera y enfrentadas a la verdad, han seguido los dictámenes de su corazón y, poniéndose en el lugar del niño, ha comprendido la justicia de respetar su vida por encima de cualquier actitud personal y egoísta.

Sólo animar, en el inicio muy pronto de la tercera campaña por los 40 días por la vida, desde Perú, que confiemos, continuando la lucha, en la acción del ESPÍRITU y abandonémosno junto con María, nuestra mayor intercesora, en Manos del SEÑOR JESÚS para que nuestro esfuerzo y oraciones sean elevadas al PADRE y obtenga el fruto de su Voluntad.



miércoles, 3 de febrero de 2010

VERDAD O MENTIRA.


Si miramos el espectro político que nos representa, y les interpelamos por sus valores e ideales, observamos que, como denominador común, todos defienden la libertad, el respeto, la defensa de la vida, la justicia, la libertad a crecer en paz, a ser educado libremente y... todo lo que represente un valor digno para el bien común de todas las personas.

Se nos hace difícil diferenciar a unos de otros, y hasta comprender por qué hay innumerables partidos con siglas diferentes y con, aparentemente, muchas diferencias en la defensa de la persona humana. No llegamos, al menos a mí me pasa, a entender el por qué de unos a la derecha y otros a la izquierda. Y en el intento de buscar alguna razón, la única valida la encuentro en la mentira. Porque no hay sino una sola verdad, y lo que no es verdad deberá ser lo contrario, mentira. Espero que todos coincidamos en que no hay medias verdades y medias mentiras.

Si todos defienden la libertad, ser libre no debe tener sino un solo significado. Y ese significado debe ser la búsqueda de la verdad y el bien para todo ser humano. Nada que no sea bueno y verdadero puede ser libre, porque cuando buscas algo que no representa el bien común se convierte en algo partidista, de unos pocos y, por lo tanto, bien para unos cuantos y no para todos. Por lo tanto, es algo excluyente, sometido, esclavizado y, por supuesto, no libre.

La libertad debe estar abierta a todos y segura ante todos y para todos. De tal forma que, se es libre porque se es incapaz de hacer algo que perjudique a otro. Hacerlo significa buscarte, hacerte tú mejor, diferenciarte, tener privilegios, excluir y marginar al otro...etc. Y volviendo a tema que nos ocupa, no tendría sentido elaborar programas diferentes, ni entablar batallas dialécticas que explican que unos defiende una cosa diferente a otros. Eso, que suele ser así, deja al descubierto que no se habla en verdad, luego, la legislatura se encarga de demostrarlo de forma categórica.

Y ahí podemos encontrar respuestas a todo lo que, de vez en cuando, nos deja perplejos y sin sentido, sembrando muerte, miserias, hambre, subdesarrollo, injusticias, pobrezas... creo que estos días se ha hablado hasta el extremo de todas estas catástrofes y la causas que impiden que vuelvan a repetirse y a causar los mismos o más daños. No se avanza en ese sentido porque no hay voluntad de avanzar.

La conclusión es que sólo alguien dice la verdad, pues, de decirla todos, sería de necio estar divididos y diferenciados. La evidencia es que no es así, y todos mienten, y al mentir el mundo refleja la mentira. Pero lo peor es que si nadie dice la verdad, al menos, toda la verdad, ¿cómo podremos encontrarla y, más todavía, tratar de ponerla en práctica? El manifiesto que antecede a esta reflexión articula lo que todos deseamos y queremos, ¿por qué entonces no nos ponemos manos a la obra, nos juntamos y lo hacemos vida?

Ocurre lo que no ocurre cuando se busca la verdadera Verdad. Y es que cuando lo que realmente nos preocupa es la búsqueda del bien, no importa mis intereses, mis privilegios, mis egoísmos, mi propia vanidad, mi carrera, mi situación, mis honores, mi orgullo, mi poder... sino el bien de los demás. Es entonces cuando la Verdad no miente y se manifiesta unida y simple.

Sin embargo, la pregunta es eterna, ¿es la persona humana capaz de, por sus propios medios, alcanzar esta meta? Porque si de una cosa tenemos evidencia es que en el fondo de toda persona hay esa búsqueda y ese deseo. La verdad no se esconde y es clara y diáfana a la vista de todos. Luego, quienes la enturbiamos y oscurecemos hasta confundirla con la basura y la mentira es el propio hombre. Mientras no miremos de frente y con un corazón humilde y sencillo a QUIEN tenemos que mirar, el mundo seguirá en manos de los defensores de la verdad hecha mentira.
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