El Padre del que
me habla Jesús y, también, me presenta, es un Padre Bueno, lleno de Amor e
Infinita Misericordia. Por tanto, reñido con las amenazas, las presiones, los ultimatos
y muchas otras profecías que, quizás, están ahí pero no entendemos.
Porque, hay que
situar y entender todo en sus tiempos, épocas y circunstancias. De cualquier
manera, lo verdaderamente importante y claro está contenido en la Palabra de
Dios. Jesús, el Hijo Amado y Predilecto del Padre nos anuncia un Padre lleno de
Amor y Misericordia; un Padre que nos quiere, nos buscas, se hace el
encontradizo y nos revela su Amor Misericordioso por medio de su Hijo. Y, como dice el Padre Pio: No le tengas miedo a Dios, porque él no quiere haceros ningún mal; amadlo mucho, porque os quiere hacer un gran bien.
Por tanto, no
caigamos en las avisos, profecías o ultimatos que amenazan nuestra vida, profetizan
el final o nos presionan con hacer esto
o lo otro. Eso no viene de un Padre Bueno y Misericordioso, que nos ha creado
libres para que decidamos por nuestra cuenta. Luego, ya habrá tiempo para ser
juzgados en el atardecer de nuestra vida.
¡Cuidado con el
Maligno que está al acecho, que nos asusta, nos pone el camino difícil,
amenazador y con un Padre Dios dispuesto a castigarnos si no hacemos su
Voluntad. ¿Es que hemos olvidado que nuestro Padre Dios es Infinitamente
Misericordioso? Luego, si nos perdona, ¿cómo que nos castiga? Precisamente, Él
lo que busca es nuestro arrepentimiento para darnos su perdón. Y eso es lo que
nosotros debemos de tratar de hacer, de acercarnos a Él con un corazón contrito
y arrepentido de los pecados que a diario podemos cometer. Siempre esperanzados
en la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.
¡Mucho cuidado con
avisos, amenazas y castigos! Ese no es el Padre Bueno que nos anuncia Jesús,
nuestro Señor. Al contrario, nos ha dicho, proclamado y enseñado que es un
Padre Amoroso y Misericordioso y que busca a los pecadores para que se
conviertan, arrepientan y alcancen su Misericordia.