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domingo, 26 de febrero de 2017

TÚ TIENES LA OPORTUNIDAD DE ELEGIR LO MEJOR




La vida te da dos opciones, elegir la vida misma, pero una Vida con mayúscula, plena y gozosa eternamente, para la que has sido creado y llamado. Y la muerte, la otra opción que te ofrece una antesala aparentemente hermosa, pero que se vuelve macabra y de perdición. Y así te hundirá en la angustia y sufrimiento también eternamente.

Mientras tenga vida, aquí en la tierra, tienes tiempo para discernir y elegir. Tendrás que optar por uno u otro camino. Para eso eres libres y estás dotado de voluntad. Tú,  a pesar de tus apetencias, deseos y sentimientos, puedes ser dueño de tu destino, pues, cuenta con voluntad con la que someter esos sentimientos.

No cabe duda que, enfrentarse a esa lucha entre tú y tus sentimientos, tú sólo es descabellado y disparatado, porque, de antemano, estás vencido. Tu pobre humanidad está tocada por las apetencias, deseos y toda limitación origen de tu pecado. Nunca te podrás sobreponer. Sin embargo, por la Gracia de tu Creador, nuestro Padre Dios, tienes la oportunidad de poder resarcirte y optar a la elección de tomar la Vida. La Vida con mayúscula que te dará la Gloria que ansías y buscas desesperadamente.

Se trata de poner tu libertad y voluntad al servicio del amor. Amar es buscar siempre el bien de los demás. En ese sentido, someter tus sentimientos, aun sin dejarlos de sentir, a devolver bien por mal, es la excelencia del único y verdadero amor. Y eso, injertado en el Espíritu de Dios, está en tus manos.

miércoles, 24 de abril de 2013

MIEDOS Y SENTIMIENTOS



Tengo miedo de ser provocado y de no ser capaz de controlarme. Los sentimientos nos pueden traicionar. De hecho nos traicionan y nos sacan de nuestras casillas. Nos descontrolan. Y ese descontrol origina miedo, miedo a no poder responder de mí y cometer actos que no quiero cometer.

Prueba de ello es el arrepentimiento. ¿Por qué luego me llega el sentimiento y deseo de arrepentirme? No lo puede explicar otra cosa sino el hecho de sabernos que hemos actuado mal. Y también que en lo profundo de nuestro corazón bulle el deseo de repararla, de hacer el bien. ¿No es eso una prueba de que estamos prefigurados para amar?

Bien y sabias son las palabras del Papa Francisco cuando nos advierte que para "custodiar" también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura. Protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.


martes, 7 de agosto de 2012

LA MUERTE ES SIMPLEMENTE EL ÚLTIMO PASO


 - ... representaciones sensibles, emociones, sentimientos, afectos, pasiones.
Sin darme cuenta mi mirada se encontró con la de una mujer que salía de la habitación del tanatorio con síntomas de preocupación. La acompañaba otra mujer y al sentarse noté que sus manos le temblaban de una forma incontrolada. Los amigos y personas que le rodeaban se preocuparon y le dieron agua de beber.

Poco a poco se fue calmando y, al parecer, todo quedó en un susto. Un susto motivado posiblemente por la impresión de la muerte. Ello me dio que pensar y suscitó en mí esta reflexión.

Los afectos, sentimientos y emociones aparecen y desaparecen sin nuestro consentimiento. Son como reflejos que entran y salen dejando reacciones que mueven nuestro sistema nervioso y descontrolan o controlan nuestro cuerpo. A veces no nos damos cuenta, y otras veces se producen por algún efecto exterior que le afecta en uno u otro sentido.

Tenemos nuestra voluntad, y somos libres, pero la mayoría de las veces nos sentimos impotentes para tener control sobre ellos. Necesitamos ayuda exterior, o mucha paciencia y serenidad para, mostrándonos indiferentes, dejarlos entrar y con la misma salir. Si no le ponemos resistencia entran y salen tal como han venido.

Pero se necesita valor, paciencia y mucha paz. Paz que solo podemos encontrar en Jesús de Nazaret. Y digo esto porque en el fondo de nuestra desesperación, las emociones, sentimientos o afectos están movidos por el miedo, lo desconocido o por el amor. Y esas cosas solo tienen solución cuando estamos agarrados a nuestro Señor Jesús.

Con, por y en Él no hay nada que temer. Sea lo que sea en Él tiene solución. La paz nadie nos la puede quitar, porque en Él encontramos nuestra seguridad, nuestro refugio y todas nuestras respuestas. En Él, a pesar de que en apariencias las cosas no vayan como queremos, sabemos que al final todo se arreglará. Y se arreglará porque Él es el pan de vida que nos sacia hasta la vida eterna.

Así, ¿cómo vamos a desesperarnos, a temblar, a preocuparnos, a perder la paz...? Sí, podemos sufrir o pasarlo algo mal, pero no perderemos nunca la esperanza de llegar a encontrarnos bien. Y esa esperanza nos salva, nos ayuda a superarnos, a relajarnos y a seguir creciendo y caminando. 

Porque sabemos que al final Él está detrás esperándonos con los brazos abiertos para acogernos, aliviarnos, sanarnos, satisfacernos y darnos la vida eterna. Así, cuando se cree así, las cosas se ven de otra forma, y la muerte de este mundo es simplemente el comienzo de la vida buena, gozosa, eterna.

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